La Verdad Secuestrada
Por Ignacio García
La prueba y la reprueba
La prueba
Ya se ha dicho que Jesús es Verdadero. Es la Verdad de Dios encarnada y dada a conocer a los hombres. Se ha puntualizado que ―si es que se quiere serle fiel a Dios— todo lo que derive en su Nombre debe ser Verdad. Así, encontramos que su resurrección es verdad no sólo porque Él lo dijo, sino porque otros la comprobaron. Este es el mecanismo de la verdad. Jesús muy bien pudo haber ejercido su verdad en dos etapas: 1) Voy a resucitar porque Dios así lo dice en su Palabra; y 2) Cuando yo muera, ya no le busquen más, por fe crean que yo resucité, aunque no exista prueba alguna. Muy por el contrario, Jesús ahondó en esa verdad y fue a la etapa 3, es decir: dio pruebas de sus afirmaciones acerca de resucitar al tercer día. Nunca tuvo temor al fracaso, ni que alguien descubriera que todo era mentira. Tampoco dejó con la duda a, por ejemplo, Tomás, sino que se sometió al escrutinio de lo evidente. En pocas palabras defendió su Verdad con los hechos palpables y pruebas irrefutables.
Por otro lado, en el caso de las profecías, Jesús, como los profetas del Antiguo Testamento, dijo algunas que se han cumplido al paso del tiempo: la caída de Jerusalén a manos del emperador Tito, es una de las más notables.
No se ve, sin embargo, que Jesús o los discípulos anduvieran adivinando el futuro de la gente. Esto es hoy en día una práctica torcida de algunos que se erigen como ‘profetas’ y tratan de adivinar la suerte de la iglesia local y algunos de sus creyentes. Existe en los Evangelios una predicción muy directa y personal pero de cumplimiento inmediato y sin equivocaciones ni ambigüedades: unas horas antes de ser arrestado Jesús, el apóstol Pedro promete dar su vida por Él. Lo que Jesús le dice a su persona es simple y concreto: “Antes que cante el gallo, me negarás tres veces”. La predicción se cumplió con asombrosa exactitud.
Por su parte, Hechos de los Apóstoles tampoco da testimonio de creyentes y ‘ungidos’ que se dedicaran a leerle la suerte ni a la iglesia ni a las personas. Registra la actividad única de Agabo, un profeta que vino anunciando una gran hambre por las regiones de Asia. La profecía se cumplió como un acontecimiento general y de prevención para que la iglesia prepara ofrendas para los necesitados por la hambruna. El otro caso es la revelación (aparición) de un ángel al apóstol Pablo cuando estaba preso (y un poco desanimado) en una cárcel de Jerusalén. El ángel le anima y predice que saldrá libre de ahí e irá a Roma porque Dios desea que también allí el apóstol enseñe la Palabra. Lucas narra admirablemente la salida de la cárcel y posterior llegada de Pablo a la capital del imperio romano. La palabra fue cumplida.
La reprueba
Esta visión y misión de la primera iglesia ha sido secuestrada. A partir del nacimiento de lo emocional e intangible, y por lo tanto arbitrario, se han levantado hoy en día una serie de dizque ‘profetas’ que pasan a leerle la suerte a las iglesias y a las personas. Ya en el Portal de la ILM hemos tenido la oportunidad de ver, ‘en vivo y en directo’, a un auto nombrado profeta de Mendoza, Argentina, prediciendo cosas que el tiempo ha probado como vulgares mentiras ... Y de las mayúsculas. Uno se pregunta ¿Por qué la gente sigue creyendo a esas patrañas que se le dicen? Por un mecanismo del que muchos no desean darse cuenta, y que será tratado en la parte 11 de esta serie de artículos.
La verdad de un Dios que es infalible comienza a ser secuestrada no cuando la iglesia local permite el púlpito a toda esa suerte de agoreros que llegan con la etiqueta de ‘profeta’, sino en el instante en que se anula el mandamiento vertebral de Jesucristo con respecto a la relación de Su cuerpo: “Somos miembros los unos de los otros”. Pero algunos de esos ‘ungidos’ han invertido la sentencia y se han pronunciado y dicho: “Yo soy más miembro que los otros”. Y en esta sentencia se llevan y cargan con una porción de “autoridad” superior que los ‘pone’ sobre los otros para controlar, manipular, mentir; magnificando aún más el secuestro, pues Jesús sentenció que entre los creyentes nadie podía señorear sobre el otro: esa es una práctica propia de un mundo que se regodea sobajando a los demás.
La experiencia de la mentira
En los años 90’s mi familia y yo frecuentamos (recomendado por familiares) un ministerio recién abriendo su campo de acción misionera en nuestra ciudad. El ministerio era uno de esos ‘independientes’ con más emociones y sensiblerías que declaración de fe sólida. Así es que a las pocas semanas ya nos encontramos entre gritones, ‘sanadores’, ‘profetas’ y demás parafernalia que suele aparecer en este tipo de obras sin conexión con la ortodoxia. En ese poco tiempo también nos dimos cuenta que ninguno de los que decían tener un ‘don’ daba señas de ser genuino.
Lo más absurdo de todo es que entre los mismos creyentes (que conocían la vida real de esas personas con ‘dones’) no les confiaba nada; es decir, ni entre sus pares locales tenían crédito los ‘sanadores’ y ‘profetas’. Para que la cosas funcionara y se mantuviera la mentira de ‘sanaciones’ y ‘predicciones’ tenían que traer gente de afuera.
Así es como se importaban profetas de ‘más crédito’ que los locales. En unos tres meses desfilaron por el templete una media docena de ‘profetas’ que efectuaban básicamente dos tipos de predicciones: a la iglesia en su conjunto e individualmente. A uno de estos, venido de la ciudad de Guadalajara y de algo así como “Vino Nuevo”, se le pudieron grabar (sin prohibición alguna) su ‘predicación’ y ‘profecías’, de forma que hoy aún pueden escucharse y ver si lo dicho por él fueron inspiración de Dios o burdas mentiras salidas de su mente psicópata. En resumen éstas fueron sus ‘predicciones’ para la iglesia:
1. “Dice el Señor: en dos años esta iglesia crecerá tanto que ya no cabrá la gente...por lo que les mando a un auditorio (sic) más grande y confortable (re-sic) para albergar a quienes han de llegar...”
2. “A ustedes digo ―dice el Señor— que esta iglesia será cabeza de zona...La iglesia madre verá el esplendor de mis siervos y serán aceite del Espíritu para mover a otras iglesias de la zona [repite]. Esta iglesia...ustedes, hermanos... serán junto con otras, cuatro iglesias como Sión.”
3. “Oh, oh, Señor ¿por qué a mí? .... su pastor, su pastor: Se le dice: no tendrás que llegar más a pie a la iglesia pues el Señor te prosperará...y tu vivienda ya no será ese departamento pequeño porque tu iglesia te proveerá para que ejerzas mejor tu ministerio... Iglesia ¿Han oído? [en el fondo se oyen voces de Amén]”
Después de casi seis años de aquella aparición por el templete, los resultados saltan a la vista de forma innegable. No hay que probar nada, sólo ver si las dichas ‘profecías’ de aquel agorero, utilizando el nombre de Dios para decirlas, son o no ciertas:
1. La iglesia no solamente no creció sino que el número de creyentes disminuyó. Los que están ahora, no son ni remotamente los mismos que escucharon la ‘profecía’. Siguen en el mismo local, más arruinado que nunca... Ah, pero eso sí: siguen invitando a hombres que les lean la suerte...Eso no se les ha quitado.
2. La iglesia que iba a ser ‘cabeza de zona’ de un ministerio cuya iglesia ‘madre’ pertenece a Victory Outreach Int’l (VOI, con sede en Los Angeles, California) se separó de este ministerio un año después de la ‘profecía’, junto con las otras cuatro que iban a ser ‘como Sión’ y aceite de algo. La separación obedeció a que la administración de VOI descubrió manejos financieros oscuros del líder mexicano de esta iglesia ‘profetizada’. Así, de ser profetizada ‘líder de zona’ y ‘aceite de algo’, la iglesia se convirtió en un ministerio que no encuentra todavía dónde le quedó la cabeza.
3. El pastor (un hombre honesto, por cierto) sigue llegando a pie a la iglesia; vive aún en un pequeño departamento, con la desventaja que –desde que recibió la profecía de ‘prosperidad’—la familia creció de tres a cinco miembros.
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