La Verdad Secuestrada

Por Ignacio García

Un dragón en mi garaje

Un dragón en mi garaje

La siguiente historia es antigua y narrada en diferentes versiones;
una de ellas es la de Carl Sagan (quien a su vez toma el ejemplo del psicólogo Richard Franklin). La otra versión es de Paul E. Little. Aquí utilizo la de Sagan en el capítulo del mismo nombre dentro de su libro “El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, Ed. Planeta, México, 1998.
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Suponga el lector que un día alguien le dice “En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca.” A lo mejor a usted le gustaría comprobar esto, verlo con sus propios ojos; se sabe que a lo largo de los siglos se ha hablando de dragones pero nunca nadie ha visto alguno.

--Entonces, enséñeme al dragón—dice usted
Yo le llevo a mi garaje. Usted entra y todo lo que ve son botes de pintura regados y otra material desordenado…excepto el dragón.
--¿Dónde está el dragón?—pregunta usted
--Está aquí—contesto yo moviendo la mano vagamente –me olvidé decirle que es un dragón invisible—
Usted entonces propone que cubra yo el piso de harina para que puedan verse las pisadas del dragón invisible.
--Buena idea, contesto, pero es que este dragón no camina en el piso, vuela en el aire.
Entonces usted propone usar un detector de incendios para poder captar las llamas invisibles que salen la boca del dragón.
--Buena idea, replico, pero es que el fuego invisible tampoco da calor.
--Pero se puede pintar al dragón con spray para hacerlo visible—usted insiste.
--Buena idea, me defiendo, pero el dragón es incorpóreo y la pintura no se le pega.

Y así sucesivamente. Yo me opongo (contrarresto) cualquier prueba que usted me propone para comprobar la existencia de ese dragón: yo siempre le tengo una ‘explicación’ especial de porqué no funcionará lo que usted desea.

Y aquí la pregunta es ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, sin cuerpo, que vuela, que escupe fuego que no quema y un dragón que no existe? Si usted no tiene forma de refutar mi creencia, si no hay nada que lo pruebe ¿qué significa afirmar que tal dragón existe? La capacidad que yo tengo para refutarlo a usted, no equivale en absoluto a demostrar que el bicho existe ¿O sí? Lo que yo en realidad estoy pidiendo a usted es que acepte lo que le digo del dragón…sin prueba alguna: sólo porque yo lo digo.
 

Los dragones carismáticos y demás ‘ungidos’ invisibles

El cuento del dragón en el garaje le ha de parecer conocido al lector: se parece mucho (si no es que es igual…o lo supera) a lo que hacen los torcedores de la palabra y contaminadores de la fe. La visita de usted al garaje va de acuerdo a la fórmula T…t1, t2, t3, tn, tx que ya se han presentado
aquí. Ese dragón representa a algunos seudo-profetas que, dicen, efectúan dizque señales…pero que no responden a las evidencias y pruebas que Jesucristo y sus apóstoles ofrecieron a ojos de todo mundo. Si usted es invitado a uno de esos garajes (teatros, carpas, tendidos, templos) le harán creer que hay un dragón…pero no le permitirán ningún argumento en contra…En caso de que usted tenga alguno, o lo dejen preguntar e interrogar, siempre el que invita y preside (el agorero dizque mensajero de  algún dios) le opondrá una razón de porqué sus actuaciones se miran tan descuadradas: usted jamás verá al dragón... porque no existe.

Por ejemplo, si usted pide a uno de esos adivinos que presumen de ‘discernimiento’ y utilizan frases como “Dios me dijo” –--si usted solicita que no le adivine su futuro sino que
, punto por punto, le describa cómo a sido el pasado de Usted, el tal agorero le dirá que el dragón es invisible: es decir, le dirá que “ese ‘don’ no se halla en la Biblia”…El de andar diciendo el futuro tampoco, pero ese sí lo practica para presumir de su dragón.

Si usted interroga a uno de esos ‘guerreros de la noche’, ‘soldados espirituales’ o ‘guardianes de oración’ (los nombres que llegan a adoptar son tan sofisticados como el de las fuerzas subordinadas de los Templarios) –si usted los confronta del porqué echan demonios hasta de las papas fritas que consumen, y porqué creen que las enfermedades son posesiones del diablo,
―pues usted ve que en las papas no parece haber nada de malo, pues hasta sus pastores las comen y por eso se enferman del estómago (lo cual haría que un pastor se ‘endemonie) estos ‘guerreros’ le dirán que es porque el dragón vuela: la lucha es en los aires, pero no toca a los pastores porque estos llenan el oxígeno con sus plegarias.

Y si a otro de esos que no pueden "Parar de Sufrir" les pide bases bíblicas de su perversa práctica de pasar la cesta de ofrendas hasta cinco veces en media hora con pretextos asignados que llevan el nombre de diezmo, ofrenda, promesa, compromiso, obediencia de fe, etcétera, le contestarán que este volantín de sacadera de dinero, al igual que el dragón, no tiene cuerpo; no se le puede seguir la pista a tanta doctrina desviada.

¿Qué diferencia existe entre
éstos que no pueden dar explicación alguna de estas (y un millar más) de doctrinas torcidas y decir que las tales vienen de Dios? ¿Qué lo que Dios hace no es explicable en términos de lenguaje humano, tal y como Pablo y los apóstoles develaron para nosotros los “misterios” del mismo Señor”?. Decirle a alguien que tiene usted una doctrina maravillosa, sanadora, milagrosa en un garaje, y luego salir con que no hay respuestas para probar la existencia de las tales ‘señales’, es algo que el cristiano que sigue la Verdad no puede admitir.

La mejor defensa de todas las que he escuchado a esto es una como la del dragón cuyo fuego que sale por la boca no quema: “Es que no tienes fe”. ¡Seguro! No le tengo fe a quien me quieren embaucar para mirar algo que es puro vacío... y luego me quiere convencer –-mediante sus contestaciones laterales—a que crea yo en lo que evidentemente es pura mentira.

Quiero poner un último ejemplo de un dragón en un garaje californiano. La práctica se ha extendido a Latinoamérica y ya comienzan a practicarla quienes se hallan hundidos en el extremo de la tx de nuestra fórmula. Porque si alguien comienza a desfilar por tendidos de sal ‘ungida’ para 'sanar' ¿por qué no hará cualquier otra cosa?. El caso es éste (el lector perdonará el ejemplo tan burdo, pero así es como sucede): un grupo de varones que se denominan “Hombres llenos” (Full Man) hacen lo siguiente: se reúnen en un local en el cual hay un hoyo, pozo o cisterna. Los asistentes se paran alrededor de este pozo, oran, se toman de las manos, y, en un determinado momento comienzan a orinar dentro del hoyo…El motivo es que, dicen, están tan llenos del espíritu que lo demuestran evacuando el líquido del riñón en un acto de convicción y fe.
Si usted es invitado (de casualidad, pues el grupo es hermético), le dirán que ‘vea’ cómo, inmediatamente, vuelven a ‘ser llenos’ y comienzan a hablar ‘lenguas’ y a recibir otros dones. Usted no puede preguntar mucho…siempre habrá excusas como las del dragón para defenderse de la aberración de esa ‘ceremonia’. Lo que sí, es que, entonces, el dragón tiene un aval: citan la Biblia y promulgan que si alguien tiene dudas de lo visto ahí, sólo lean el libro de Juan donde Jesús dice: “Ríos de agua viva correrán en su interior”.

Algunos de los lectores aquí, se pueden espantar de tal aberración y rechazarla con toda raz
ón y porque poseen una fe sana y están firmes en la Verdad.
Otros más
:  por ejemplo, algunos que suelen untarse agua de rosas para ‘purificarse’ o mandar pañuelos firmados al ‘monte santo’ para que desde ahí dios oiga mejor sus oraciones, éstos pueden santiguarse y rasgarse las vestiduras al oír acerca de este urinario santo… Lo que no saben estos espantados carismáticos dizque del  pentecostés, es que el dragón del urinario es un clon (una copia exacta) que les fue robado de su garaje un día que andaban repartiendo a la gente bolsas de sal para quitarse la ‘mala suerte’.

 

  

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