La Verdad Secuestrada
Por Ignacio García
Un dragón en mi garaje
Un dragón en mi garaje
La siguiente historia es antigua y narrada en diferentes versiones; una de ellas es la de Carl Sagan (quien a su vez toma el ejemplo del psicólogo Richard Franklin). La otra versión es de Paul E. Little. Aquí utilizo la de Sagan en el capítulo del mismo nombre dentro de su libro “El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad”, Ed. Planeta, México, 1998.
Los dragones
carismáticos y demás ‘ungidos’ invisibles
El cuento del dragón en el garaje le ha de parecer conocido al lector: se
parece mucho (si no es que es igual…o lo supera) a lo que hacen los torcedores
de la palabra y contaminadores de la fe. La visita de usted al garaje va de
acuerdo a la fórmula T…t1, t2, t3, tn, tx que
ya se han presentado aquí. Ese
dragón representa a algunos seudo-profetas que, dicen, efectúan dizque
señales…pero que no responden a las evidencias y pruebas que Jesucristo y sus
apóstoles ofrecieron a ojos de todo mundo. Si usted es invitado a uno de esos
garajes (teatros, carpas, tendidos, templos) le harán creer que hay un
dragón…pero no le permitirán ningún argumento en contra…En caso de que usted
tenga alguno, o lo dejen preguntar e interrogar, siempre el que invita y
preside (el agorero dizque mensajero de algún dios) le opondrá una razón
de porqué sus actuaciones se miran tan descuadradas: usted jamás verá al
dragón... porque no existe.
Por ejemplo, si usted pide a uno de esos adivinos que presumen de
‘discernimiento’ y utilizan frases como “Dios me dijo” –--si usted solicita
que no le adivine su futuro sino que,
punto por punto,
le describa cómo a sido el pasado de Usted, el tal agorero le dirá que el
dragón es invisible: es decir, le dirá que “ese ‘don’ no se halla en la
Biblia”…El de andar diciendo el futuro tampoco, pero ese sí lo practica para
presumir de su dragón.
Si usted interroga a uno de esos ‘guerreros de la noche’, ‘soldados
espirituales’ o ‘guardianes de oración’ (los nombres que llegan a adoptar son
tan sofisticados como el de las fuerzas subordinadas de los Templarios) –si
usted los confronta del porqué echan demonios hasta de las papas fritas que
consumen, y porqué creen que las enfermedades son posesiones del diablo,
―pues
usted ve que en las papas no parece
haber nada de malo, pues hasta sus pastores las comen y por eso se enferman
del estómago (lo cual haría que un pastor se ‘endemonie)―
estos ‘guerreros’ le dirán que es porque el dragón vuela: la lucha es en los
aires, pero no toca a los pastores porque estos llenan el oxígeno con sus
plegarias.
Y si a otro de esos que no pueden "Parar de Sufrir" les pide bases bíblicas de
su perversa práctica de pasar la cesta de ofrendas hasta cinco veces en media
hora con pretextos asignados que llevan el nombre de diezmo, ofrenda, promesa,
compromiso, obediencia de fe, etcétera, le contestarán que este volantín de
sacadera de dinero, al igual que el dragón, no tiene cuerpo; no se le puede
seguir la pista a tanta doctrina desviada.
¿Qué diferencia existe entre éstos
que no pueden dar explicación alguna de estas (y un millar más) de doctrinas
torcidas y decir que las tales vienen de Dios? ¿Qué lo que Dios hace no es
explicable en términos de lenguaje humano, tal y como Pablo y los apóstoles
develaron para nosotros los “misterios” del mismo Señor”?. Decirle a alguien
que tiene usted una doctrina maravillosa, sanadora, milagrosa en un garaje, y
luego salir con que no hay respuestas para probar la existencia de las tales
‘señales’, es algo que el cristiano que sigue la Verdad no puede admitir.
La mejor defensa de todas las que he escuchado a esto es una como la del
dragón cuyo fuego que sale por la boca no quema: “Es que no tienes fe”.
¡Seguro! No le tengo fe a quien me quieren embaucar para mirar algo que es
puro vacío... y luego me quiere convencer –-mediante sus contestaciones
laterales—a que crea yo en lo que evidentemente es pura mentira.
Quiero poner un último ejemplo de un dragón en un garaje californiano. La
práctica se ha extendido a Latinoamérica y ya comienzan a practicarla quienes
se hallan hundidos en el extremo de la tx de nuestra fórmula. Porque si
alguien comienza a desfilar por tendidos de sal ‘ungida’ para 'sanar' ¿por qué
no hará cualquier otra cosa?. El caso es éste (el lector perdonará el ejemplo
tan burdo, pero así es como sucede): un grupo de varones que se denominan
“Hombres llenos” (Full Man) hacen lo siguiente: se reúnen en un local
en el cual hay un hoyo, pozo o cisterna. Los asistentes se paran alrededor de
este pozo, oran, se toman de las manos, y, en un determinado momento comienzan
a orinar dentro del hoyo…El motivo es que, dicen, están tan llenos del
espíritu que lo demuestran evacuando el líquido del riñón en un acto de
convicción y fe.
Si usted es invitado (de casualidad, pues el grupo es hermético), le dirán que
‘vea’ cómo, inmediatamente, vuelven a ‘ser llenos’ y comienzan a hablar
‘lenguas’ y a recibir otros dones. Usted no puede preguntar mucho…siempre
habrá excusas como las del dragón para defenderse de la aberración de esa
‘ceremonia’. Lo que sí, es que, entonces, el dragón tiene un aval: citan la
Biblia y promulgan que si alguien tiene dudas de lo visto ahí, sólo lean el
libro de Juan donde Jesús dice: “Ríos de agua viva correrán en su interior”.
Algunos de los lectores aquí, se pueden espantar de tal aberración y
rechazarla con toda razón
y porque poseen una fe sana y están firmes en la Verdad.
Otros más:
por ejemplo, algunos que
suelen untarse agua de rosas para ‘purificarse’ o mandar pañuelos firmados al
‘monte santo’ para que desde ahí dios oiga mejor sus oraciones, éstos pueden
santiguarse y rasgarse las vestiduras al oír acerca de este urinario santo… Lo
que no saben estos
espantados carismáticos dizque del
pentecostés,
es que el dragón del urinario es un clon (una copia exacta) que les fue robado
de su garaje un día que andaban repartiendo a la gente bolsas de sal para
quitarse la ‘mala suerte’.
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