Espada & Mortero
El lado oscuro del discipulado
Por Ignacio García
Introducción
Nadie puede negar que el hacer discípulos sea un mandato bíblico (Mateo 28:19). El discipulado es el motor a través del cual la iglesia crece y se reproduce. Para que el mandamiento se lleve a cabo debe existir, naturalmente, una relación maestro – discípulo; y dicho nexo debe estar, incuestionablemente, regido por la enseñanza de Cristo a sus propios discípulos. Entonces tenemos este nexo así:
Maestro (Cristo) – Enseñanza - Discípulo
Cualquiera de los elementos que falten o fallen, hace nula la relación.
Bajo esta fórmula, a nadie se le ocurriría pensar que podría haber algo oscuro, aberrante, desviado en esa relación…Lamentablemente, llega a haberlo. ¿Es usted uno de esos discipuladores que han sido enseñados torcidamente y ahora ejerce una enseñanza desviada sobre sus discípulos? o ¿Es usted uno de esos discípulos bajo la mano férrea y autoritaria que lo obliga a una sumisión y obediencia que denigran su condición (ya no digamos cristianas) sino aun humana? ¿Vive usted bajo el miedo, culpa, vergüenza de no poder llevar a cabo lo que su “maestro” le ha dicho debe hacer y cumplir? Si es así, está invitado a leer la siguiente exposición que trata exactamente de El lado oscuro del discipulado. Los argumentos que aquí señalan una tarea discipular torcida, se basan en un solo hecho enseñado por Jesucristo; hecho incuestionable y suficiente para rebatir a todos aquellos que abusan de sus discípulos en forma descarada. Dice Jesús:
Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (Mateo 20:25-28)
Las cloacas del discipulado
¿Cómo puede estar errónea una relación maestro-discípulo en un contexto que se dice “cristiano”? Existen miles de libros, artículos, revistas, video-casetes, casetes, seminarios, conferencias, talleres que hablan de la forma de discipular uno-al-otro. Ministerios completos se dedican a esta tarea estratégica de la Iglesia, y para ello se dejan llamar por nombres distintos: Crecimiento Espiritual Sostenido, Ministerio de Madurez Cristiana, Guardadores de Almas, El Verdadero Discipulado, etc. ¿Puede en medio de todo esto existir el torcimiento? ¿Pueden algunos de los miembros de estos ministerios ejercer la sumisión y obediencias pervertidas y el daño y anulación a la personalidad de su prójimo?. Sí lo hay. Si existe.
Ahí donde el escaparate y logotipo luce más bello y apantallador, ahí suele existir el lado oscuro del discipulado. Allí, donde una hermosa página de la Internet anuncia un uno-a-uno como enseñanza del discipulado, suele haberlo. Ahí, donde los evangélicos a menudo se deslumbran ante la “seriedad” con que el ministerio se presenta; allí donde el evangélico piensa que, debido a lo glamoroso del edificio, “debe tratarse de una bendición del Señor”; ahí existe.
Prueba de ello lo es el testimonio de Bob Munford, miembro fundador de Christian Growth Ministries, quien tras 26 años de oscuro ministerio, tuvo que hacer pública su denuncia y arrepentimiento de todo lo que hizo dentro de su “ministerio de crecimiento cristiano”: abuso, agresión, robo de personalidad, aislamiento, autoridad pervertida. Todo esto sucedía a lo largo de los años, mientras familias evangélicas se sentían “gozosas” de enviar a sus hijos allí y daban y daban dinero para el mantenimiento del abuso disfrazado.
La aceptación y arrepentimiento público de Munford en el año 2000, destapó otras cloacas del “discipulado” ostentoso y bañado de pureza terrenal. Lawrence A. Pile ha recogido un buen número de esos “ministerios” que destilan agua de drenaje, y los ha etiquetado bajo el jocoso nombre latino de TACOs –por sus siglas en inglés Totally Aberrant Christian Organizations (Organizaciones Cristianas Totalmente Aberrantes). Para el caso de nuestro artículo seguiremos llamando TACOs a las organizaciones y sólo TACO al individuo que ejerce el discipulado pervertido.
¿De dónde nace un TACO?
El discipulado abusivo y perverso nace de la idea de una jerarquía de mando piramidal (condenada por Jesucristo), en la que el que se dice discipulador, o simplemente el líder o pastor, se cree con ínfulas de superioridad (regularmente espiritual) sobre el demás de las “ovejas” a quienes exige sumisión total a su “autoridad”. ¡Qué ridículo! El ingrediente con el que se convence al discípulo a dicha sumisión, es a la vez perverso en suma manera: se le dice al candidato que se debe “sujetar” al “maestro” con el fin de alcanzar “madurez y crecimiento espiritual”…Que si de verdad desea ser un buen discípulo de Jesús, primero debe “pasar por las armas” del susodicho “maestro”. Si el discípulo acepta esta premisa, entonces estará siempre latente el hecho de un “maestro” ignorante que lo manipule, o bien un sociópata (muy inteligentes) que hunda al discípulo en una verdadera cámara oscura de la humillación. Ojo: cuando aparece este síndrome, va que se vuela hacia los perfiles de una secta y/o culto.
Recomiendo aquí la lectura de mi artículo “Perfil del Falso Líder”, en
http://espadaymortero.iglesialatina.org/perfil.htm
¿Está usted o sus hijos bajo el dominio de un TACO?
¿Cómo saber que, en medio de tanta piedad y biblias y sermones y talleres y oraciones, alguien puede estar bajo el dominio de algún taco? ¿Cómo saber si uno de mis hijos (as) o esposo o amigo o hermano en la fe, está siendo objeto de humillaciones a través de un entrenamiento anti-bíblico? En este terreno Ronald M. Enroth ha hecho una contribución inmensa a la comunidad cristiana al señalar seis puntos clave para identificar el seudo-discipulado; 1) Torcimiento de las Escrituras; 2) Liderazgo autocrático; 3) Aislamiento; 4) Elitismo espiritual; 5) Régimen de una vida legalista y 6) Prohibición a disentir.
1) Torcimiento de las Escrituras.
Todas las otras cinco características descansan y derivan de esta sola. Sería difícil, si no es que imposible, que el maestro manipulara a su discípulo, si no fuera porque tuerce la Biblia a su favor. Torcer las Escrituras da manga ancha para controlar, manipular, humillar y hacer dependiente al discípulo y gobernarlo en el área de su intimidad, convivencia social, criterio religioso e incluso cosas tan sencillas como el tener una novia o ir al cine. Dos son los pasajes preferidos por los abusadores para “recetarle” a su discípulo: “Obedeced a vuestros pastores…”, y “No toques a mis ungidos…” Ambas escrituras sacadas totalmente fuera de contexto. Con la imposición de estos pasajes, los “maestros” ejercen su autoridad jerárquica a los demás.
De allí –y como se dicen “ungidos del altísimo”—se arrogan entonces un derecho perverso: el de “interpretar” para y por el discípulo lo que la Biblia “realmente” quiere decir: Es decir, tomando la Biblia como pretexto, darse las ínfulas de “confirmarle” al discípulo que sí y que no está correctamente en su vida de lo que la Biblia enseña. Por ejemplo, el pasaje que dice: “Todo me es lícito pero no todo conviene; todo me es lícito pero no todo edifica”, es la manga de un kafkán africano para los maestros abusivos: ellos determinarán “lo que conviene” y “lo que edifica” al discípulo, y lo usarán arbitrariamente para regular los movimientos existenciales del pobre hombre.
Existen infinidad de escrituras torcidas por los TACOs; para una mayor visión de este tema, remito al lector a mi artículo “La Sana Doctrina” en
http://espadaymortero.iglesialatina.org/sanadoctrina.htm
en donde expongo 18 técnicas sutiles de torcimiento de las Escrituras.
2. Liderazgo autocrático
Pero si de verdad usted quiere conocer (mientras se pasea por los corredores o cuartos de la iglesia) cuándo un grupo o líder va que vuela para TACO, preste usted atención al asunto de la “obediencia”. Si un líder, en cada sesión y como disco rayado, se la pasa insistiendo en que él es la “autoridad”, y que los discípulos (o discípulo) debe someterse y obedecer a su ese mal habido “señorío”, no dude usted ni un momento de su condición TAQUERIL. Porque un líder genuino de Jesucristo, no tiene porqué andar reforzando a cada momento una “autoridad”, primero, que no es de él, y, segundo, que si la tuviera ésta debería estar bajo la sumisión de Cristo y al servicio de los demás. Así de simple.
Ahora, si quiere usted ver en la práctica cómo el TACO se balconea y expone su condición, sólo anote usted todas las veces que el sedicente líder exige cuentas o pide al discípulo que le consulte en algunas actividades de su existencia; actividades a veces tan nimias como cambiar de coche, de casa, buscar una novia o casarse: cosas en las que, naturalmente, el líder no tiene porqué andar metiendo su cuchara, pero sí exige que le de “cuentas” el discípulo. Una mujer de la iglesia contaba que aun para comprar cortinas para su baño, tuvo que consultar a su discipulador, pues éste le había instruido acerca de que “ciertos dibujos en las telas podrían contener imágenes demoníacas.” ¡Hágame usted el favor!
Para una discusión más amplia sobre este tema, remito al lector a mi artículo “Abuso Espiritual” en http://espadaymortero.iglesialatina.org/AbusoEsp.htm
3. Aislamiento
No se trata de encerrar al discípulo en algún cuarto oscuro y encadenarlo (ya nomás eso faltaba), sino en la “orden” que éste recibe con respecto a la interrelación que debe tener con el mundo que le circunda: amistades, lecturas, diversiones, contactos por la Internet e, incluso, otras amistades cristianas. Dos son las “razones” que obligan a los líderes abusivos para “encomendárselas” a sus discípulos: 1) La ridícula pretensión de que ellos pertenecen a la “única iglesia” que tiene “toda la verdad”; y 2) Evitar que el discípulo vaya a preguntar o a leer por otro lado si lo que se le está enseñando es correcto o está más torcido que una alambrada de púas.
Lo que se le dice al discípulo es lo contrario: que debe evitar las “malas compañías” porque así evita contaminarse espiritualmente, para no ser sujeto a tentación de pecado, caer en errores doctrinales o enfriamiento en su celo en el discipulado. En realidad –como dice Enroth—se trata de una estrategia sutil para limitar el acceso del discípulo a enseñanzas legítimamente complementarias, las cuales pueden ser vistas por el “maestro” como una amenaza a sus falsas enseñanzas. Así, algunos de estos “maestros” (líderes y/o pastores) sólo permiten la lectura de sus propios libros, folletos o libelos, y castigan o “disciplinan” al discípulo al primer intento que éste hace por saber de otras fuentes que no sean las del grupo que lo “discipula”.
Haga la prueba el lector (si es que cabe): diga a su líder que está usted leyendo algunos libros cristianos ajenos a los que él ha recomendado. De su reacción sabrá usted si se trata o no de un TACO.
El colmo de algunos de estos grupos que practican la secrecía como arma de manipulación, es cuando “orientan” a sus discípulos en actividades que sólo competen a la individualidad de cada uno; como es el caso de “aconsejar” casarse sólo con miembros del mismo grupo …Si no es que estos mismos “líderes” hacen los “arreglos” necesarios para forzar estos matrimonios bajo la noción mística de que así se “preserva entre nosotros lo sano de nuestra creencia”. Lo que en el fondo buscan los TACOs, es que sus falsas doctrinas no vayan a ser conocidas por alguien ajeno a su círculo. Claro, el “No toques (no contradigas) a mi ungido”, es el clavo que mantiene quieta la mano del que quiere “rebelarse” preguntando en otros lados.
4. Elitismo espiritual
Directamente conectada al Aislamiento, se halla esta otra “joya” del discipulado abusivo. Gente que se siente más cerca de Dios que otros, los más celosos del evangelio de Jesucristo, las Boinas Verdes de Dios, Las Tropas divinas del Golfo, El Rebaño Elegido, etc. Este elitismo se traduce así: “Puesto que somos los mejores y verdaderos discípulos de Cristo, luego entonces no tienes (se le dice al alumno) porqué andar preguntando a ningún amigo, libro, pastor o iglesia, lo que ya aquí te es suficiente. Cualquier otra doctrina puede envenenar tu mente y poner ‘tropiezo’ a tu crecimiento espiritual; o puedes fallar al adquirir ‘ideas erróneas’, contrarias a lo que te ha sido enseñado por tu ‘autoridad’”
Uno de estos líderes TACO llegó a la insolencia de decir que gustosamente trabajaría con Crusade for Christ Ministries, si tan sólo Bill Bright (su dirigente) ¡se sometía a su “autoridad”!
5. Régimen de una vida legalista
En una confusión total de lo que significa santidad y legalismo rígido, el “maestro” empuja al discípulo a mandamientos que lo esclavizan social y espiritualmente, más que hacerlo crecer y madurar en su vida. Y esto lo hacen los TACOs en el intento de alcanzar un alto número de hombres “verdaderamente comprometidos” con el discipulado “verdadero”. Para ello, el TACO procura un ambiente cálido en su grupo, similar al que debería existir en los hogares. Una marca distintiva de estos grupos es su frase reiterativa que dice: “Aquí te amamos…”, aun cuando el discípulo ni siquiera es conocido por ninguno del grupo. O bien, “Somos una familia…”; si bien, se dan muestras de todo lo contrario al haber unos hijos “más iguales que otros”. Metida así la familia en el falso entorno del discipulado, al discípulo se le aparta en el uno-a-uno y se le llena la cabeza con las reglas que sigue esa buena “familia”. Ahí, el “maestro” tiene manga de kimono para aplicar sus reglamentos legalistas al discípulo… con la advertencia de que si no obedece y cumple con los reglamentos, no está demostrando querer ser un buen discípulo de Jesucristo.
Las reglas y reglamentos van a atentar contra la independencia y libertad individual de la persona. Las reglas –simples apreciaciones humanas—las hace ver el “maestro” como ética y moral enseñada por la Biblia. Claro, otra vez, una de las primeras reglas es “Sométete y Obedece en todo a tu maestro, sin preguntar ni reclamar, sabiendo que él ha sido puesto por Dios para tu crecimiento espiritual…Él es el hombre que Dios dispuso para ti”. De entonces, se desprenden una sinnúmero de No-hagas-esto: “No uses maquillaje, no uses pantalones, no te hagas hoyos en las orejas, los piercings son del demonio, esos tenis pueden ser satánicos, esa camiseta no es de un cristiano, si sigues diciendo ‘no manches’ no vas a progresar, no bailes, adora con dignidad, tu alabanza debe ser pura: no aplaudas…”, y etcétera, etcétera. Tal vez, en un contexto menos crítico estas recomendaciones podrían ser tan sólo sugerencias: lo malo de los TACOs es que ellos usan todo este inventario legaloide como arma de control y manipulación en la vida espiritual de los discípulos: de hacer esto o no depende su buen desempeño y, no pocas veces, salvación de los alumnos. Culpa, impotencia, vergüenza, desánimo y frustración son el resultado de tales legalismos.
Se forma entonces un círculo vicioso: el discípulo no puede preguntar el porqué de esa regla – y si acaso se le permite, el maestro nunca tiene una respuesta clara; si acaso dirá (dentro del bucle ya viciado) que es así porque “no todo conviene” al discípulo. Lo más peligroso de todo es que todas estas reglas de carácter extra-bíblico representan una vuelta sutil a la justificación por obras… Bueno, tal vez van más allá y se trata de inculcar la santificación por medio de las obras.
En su Epístola a los Gálatas, la herejía refutada por Pablo era no tanto la justificación por obras, sino meramente la santificación por medio de éstas. En Galacia, los legalistas judaizantes estaban diciendo a la iglesia algo así como: “Pablo sólo les enseñó la mitad del evangelio: él dice que ustedes pueden obtener la salvación de forma gratuita. Nosotros decimos que para un mayor progreso y compromiso de su santificación, deben circuncidarse de acuerdo a la ley de Moisés. Tu fe en Cristo te hace salvo..pero. Pero, para forzar a una mayor y verdadera espiritualidad, debes someterte a nuestras reglas y hacer lo que te decimos sin preguntar”.
La cantaleta de los judaizantes ¿no se parece a la que hoy entablan miles de “maestros” cuando dicen que “discipulan” a otros? Contrario a lo que el apóstol Pablo enseña en Gálatas 5:1: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.
6. La prohibición de disentir
Esta característica, como habrá ya visto el lector, recorre de punta a punta el cuerpo de el disicpulado abusivo. Es la acción a través de la cual se compele al discípulo a ver sola y únicamente a sus líderes como instructores y guías. A menudo la orden va seguida la recomendación de que, a lo largo del discipulado, el “maestro” espera la sumisión y obediencia del alumno; la obediencia suprime cualquier pregunta o cuestionamiento a la forma en que el líder y, mucho más, a la forma en que se comporta.
El arma desenvainada por los abusivos para lograr sus propósitos de control, es apelar a la “unidad”, a la solidaridad. Si bien la Biblia enseña esto desde su propia teología de la Trinidad y el amor del uno al otro, los maestros abusivos usan la “unidad” para implicar a sus alumnos a “un solo” estilo de vida, creencias e interpretación bíblica: el centro de esa “unidad” es el líder abusivo mismo. Obviamente, la prohibición incluye a aquellos que podrían crear una autoridad adyacente al pastor, los líderes el coordinador o maestro (como quiera que se llame) . Esto significa que nadie puede corregir a uno de esos hombres públicamente –aun cuando la doctrina que enseñe sea aberrante, o simplemente porque ha citado mal la Escritura. Se dan los casos en que a quienes mucho preguntan, se les señala de rebeldes, conspiradores, peligrosos, y aun se llega a separarlos del grupo. En otras palabras, el discipulado abusivo prohíbe la independencia de pensamiento.
En lo privado sucede lo mismo. Se toma al discípulo como desobediente y arrogante, si viene a consejería y ésta no incluye sólo preguntas que “molestan” la autoridad y “sapiencia” del líder. Se le pide al discípulo que examine su corazón y que deje a un lado las preguntas: que sólo siga adelante con este “excelente” programa de “crecimiento espiritual”.
La salida dolorosa
Si finalmente, el discípulo tiene aún un poco de criterio y la enseñanza bíblica sana que le han dado por otro lado le alcanza, tomará la decisión de dejar el “discipulado” y con ello al grupo abusivo. Aquí empieza lo más difícil del asunto. La salida provocará un trauma en el que se incluye culpa, vergüenza, dudas, depresión, desánimo, así como la confusa convicción de que uno ha fallado a Dios en algo. El camino de regreso, a una vida libre y sana, cuesta mucho trabajo. Requiere de la ayuda de otros que han pasado por el abuso del discipulado y de un largo período de acomodamiento junto con la esperanza de que ha sido el hombre y no Dios quien me ha lastimado.
Ciertamente, el amor y compasión de Jesús siempre estará a un lado de nosotros para suplir con creces la humillación que hemos sufrido de manos de aquellos en quienes más confiamos.
Si usted o uno de sus hijos o esposo o hermano en la fe han sido víctimas de esta clase de abuso, le recomiendo la sección Reconstrucción, que he colocado en
http://espadaymortero.iglesialatina.org/reconstruir.htm
y en donde el lector hallará alguna herramienta que le ayude en su momento de indecisión.