Fe tóxica - Fe sana
Por Ignacio García
Introducción
En mi país, y lugar donde vivo en particular, se transmiten, noche o mañana, una media docena de programas radiales de corte evangélico. Es increíble que en ocasiones, de los seis, no tenga uno de dónde escoger. Existe, claro, uno que mantiene su línea de enseñanza bíblica a través de toda la semana, pero es la excepción.; los otros se dedican a dar discursos en donde la Palabra de Dios brilla por su ausencia, o es utilizada sólo a ‘bibliazos’, es decir, tomando un verso entre-sacado para normarlo a una prédica totalmente mágica o llena de fantasías. Luego explicaré esto.
Resulta interesante oír estos programas, sobre todo después de sintonizar algunos noticieros de la misma radio. Noticias que hablan de la realidad que pasa en el mundo: ciclones, terremotos, crímenes, drogas: cosas y hechos que suceden o pueden suceder a cualquier persona. Pero cuando uno cambia de estación y atrapa uno de estos programas evangélicos, parece que ese mundo real de los noticieros desaparece por medio de una fantasía programada.
Estos programas crean un ambiente superficial de la vida, no sólo de la cristiana sino de la vida en general. De pronto, todo es color de rosa, sublime, sin peligros...Y ¡ay! del que ose no confiar en este universo todo disfrazado! porque se le señala como falto de fe. En este mundo radial de algunos evangélicos, no existe sino bienestar, prosperidad, hartazgo; el Dios del que se habla es un Dios dispuesto a arreglar hasta el menor de los males estomacales.
A esto se le llama proclamar y/o practicar una fe tóxica.
El término Fe Tóxica se usó en un principio para señalar un marcado abuso espiritual a través de manipulación y control por parte de algunos líderes igualmente abusivos. Sigue teniendo esa validez, sólo que Stephen Arterburn y Jack Felton le dieron énfasis al término para ayudarnos a comprender su opuesto: una Fe Sana. En tanto la fe tóxica trabaja con un mundo irreal en lo referente a muerte, enfermedad, tribulación, etc., la fe sana enfrenta ese mundo aceptando que en él existe todo esto y más, mas no por ello el cristiano es menos cristiano si sufre las consecuencias normales que todo mortal también enfrenta. La fe sana, la fe bíblica, es una que sabe cómo a Bernabé le cortaron la cabeza, y en vez de disminuir la fe de los discípulos, este hecho hizo que tal fe aumentara...
En tanto lo tóxico manipula la fe del creyente y la utiliza a favor de intereses personales, una fe sana afirma una creencia individual, personal, no-defensiva, puesta en un Dios verdadero, pero a la vez vulnerable y mezclada con las emociones humanas.
En los pasados tres o cuatro meses, al acostarme, he escuchado una serie de programas radiales de corte evangélico. He grabado algunos, de otros he tomado nota; de unos más guardo memoria de frases célebres por su sentido no-bíblico (es decir, frases que se dicen entre los cristianos pero que nunca se hallan en la Biblia...aunque se asumen como si estuvieran). En las siguientes entregas ofreceré al lector un análisis de algunas de estas enseñanzas, a la vez que trataré de ofrecer su opuesto, es decir, la práctica de una fe saludable.
No será raro que el lector se sorprenda ante toda la toxicidad que algunos ‘predicadores’ evangélicos (y otros no tanto) dejan escapar desde la radio, la TV y la Internet.Nota pertinente:
Los casos que aquí narro, y que proviene de comentarios hechos en programas radiofónicos de corte evangélico, no necesariamente están mal o adolecen de sentido de un bien hacia el prójimo. Lo que no quiere decir, por otro lado, que sean la esencia del pensamiento cristiano saludable. Las intenciones de la mayoría de ellos es sincera y, si no fuera porque la Biblia no dice nada al respecto, caerían como anillo al dedo a los cristianos que escuchan algunas de estas propuestas. Pero los evangélicos estamos acostumbrados a hacer uso de cosas que parecen buenas, pero que ni son las mejores ni tampoco están avaladas por el punto de vista bíblico. Existen otros casos que, definitivamente, están fuera de toda norma escritural, a la vez que representan un peligro para la salud espiritual del creyente. Ambas caras de la moneda son tratadas en estas reflexiones.
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Gracias a:
Stephen Arterburn & Jack Felton, More Jesús Less Religion: Moving from the Rules to Relantionship.
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