Fe tóxica - Fe sana

Por Ignacio García

Disciplinados por preguntones

Este caso lo escuché en un programa de radio que ya he mencionado antes, se llama “Vencedores” y se transmite con dos horas de duración durante la noche. Lo narrado aquí sucede muy a menudo en círculos evangélicos en donde se promueve un liderazgo piramidal compuesto por ‘ungidos’ e intocables.

Un líder de jóvenes
, de una llamada asociación cristiana estatal, habla en el programa de 'disciplina cristiana'. La charla suena ya tóxica desde el instante en que el líder describe los engranes a través de los cuales se ejerce la disciplina; es decir, él se pone como el disciplinador (seguro porque se siente dueño de un estado más espiritual que los demás), y al resto de los jóvenes los coloca como aquellos a quienes hay que presionar bajo reglas;  jamás menciona el joven líder que él también forma parte de ese cuerpo local de la iglesia.  Sí dice, en cambio, que su pastor lo 'vigila'´, aunque tampoco refiere quién, en todo caso, supervisa a la vez a su pastor. Resulta sintomático saber que el  joven pertenece a uno de esos ministerios liderados por un pastor ‘independiente’ que no rinde cuentas ‘más que a Dios’...Allí, con ese pastor inicia y termina la cadena de mandos, y el joven líder se siente contento de disfrutar de los beneficios de su eslabón de autoridad.

Así la cosa, el joven habla de lo que ‘es disciplina cristiana’; según él entiende desde su muy particular punto de vista y el muy torcido
enfoque bíblico: mismo que tira por la borda para sacar un manual de reglamentos y legalismos y querer hacerlos aparecer a sus radio-escuchas como leyes dictadas a el por el mismo Dios. Las reglas y legalismos que enuncia deben ser, claro, las respetadas por sus subordinados, so pena de recibir ‘disciplina’ en caso de no acogerse a las normas humanas que él enuncia. Por ejemplo, habla que los jóvenes deben vestir ‘adecuadamente’, pero jamás da una medida de lo que es ‘adecuado’, ni intenta siquiera desglosar la palabra con el diccionario. Ah, pero eso sí, amenaza: al que no vista así, se le disciplina.

Todo viene a colación porque el joven líder desea dar una muestra de cómo ejerce la disciplina (y por supuesto, cómo quiere que la ejerzan otros que lo escuchan). Ejemplos le sobran pero quiere referirse a un caso sucedido en el último campamento de juventudes cristianas de su denominación. Habla y
--esperando que algunos de los muchachos que asistieron al evento lo estén escuchando ahora-- dice: “Ustedes se habrán dado cuenta de la forma en que algunos de ustedes tuvieron que ser ‘disciplinados’ en ‘el Señor’ (¿?), debido a ciertas violaciones de nuestro reglamento.” Aquí se refiere a tres jóvenes que, dice textualmente, se le ‘salieron del guacal’ (se indisciplinaron) y querían convertirse (así lo dijo) en ‘la mano que mece la cuna’ (es decir, ponerse al mando del grupo).

Hasta aquí uno podría pensar que aquellos jóvenes castigados debieron rebelarse a la más elementales reglas de la convivencia (beber, fumar, drogarse), o haber traicionado al líder, haberlo calumniado o hecho alguna cosa semejante. Pero no fue así. Lo que sucedió se narra en dos minutos: Los jóvenes puestos en reserva, fueron disciplinados porque en una reunión nocturna se atrevieron a preguntarle (con un tono de contradicción, según él) acerca del tema bíblico que desarrollaba esa noche. Lo malo
--se lamenta este líder— es que me ‘contradijeron’ delante de todos, y eso a un líder no está permitido que se haga...”La pregunta que causó la controversia y resultante disciplina para los jóvenes fue ésta: si de verdad el líder creía que “llevar mucho fruto” era traer a mucha gente a los pies de Cristo, como él lo aseguraba. Esto bastó (de acuerdo a lo que va narrando en su charla radiofónica) para que el temido reglamento se aplicara: los jóvenes fueron ‘sentados’ de sus actividades en la iglesia por un periodo de tres meses por atreverse a preguntar.

Esto sólo
se ve en algunos círculos de autoridad rígida como la FIFA y los regímenes totalitarios en donde se esgrime la verdad y autoridad como absoluta; sin oportunidad a objetar. Ni siquiera en compañías como Nike, Microsoft o Coca-Cola los líderes asumen esa postura; por el contrario, promueven el diálogo, la retroalimentación, la polémica, con tal que su producto reciba los beneficios de la idea. Pero en algunos círculos cristianos no sucede, llegando, de esta forma, a ser un pésimo ejemplo de tolerancia y respeto hacia el pensamiento de los demás.

Lo primero que un líder evangélico debería aprender es que Jesús enseñó justamente lo contrario a lo que ellos promueven desde el escenario del estrellato lideril. Jesús dijo que ese tipo de actitudes (señorío, máxima autoridad, unciones artificiales) son practicadas por el mundo, los paganos las acostumbran...Pero que entre nosotros (quienes pretendemos seguirle) no puede ser así. Enfáticamente, Jesús, de un solo plumazo, nos quita la oportunidad de ser regidores de la vida de otros.

    

Fe tóxica - Fe sana

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Fe tóxica - Fe sana

Por su parte, el apóstol Pablo también promueve el análisis y el examen de lo que se dice por boca de profetas y maestros. En Corinto algunos deseaban hacer lo que este joven líder hizo en el campamento: enseñar por enseñar y que los demás se tragaran lo que decía, bajo la presunción de que eso que decía, se lo había revelado el Espíritu Santo. Pero, ciertamente, el Espíritu revela, pero sus revelaciones no son arbitrarias ni van contra los elementos centrales de la doctrina cristiana. Así es que el apóstol instruye a los creyentes a escuchar al dicho profeta, luego se indica que éste debe callar,  y los demás juzguen (hagan un análisis, vean si está bien) lo que el otro dijo. 1 Corintios 13:29.
No se dice qué sucede si alguna doctrina está mal enseñada o simplemente no es clara o existen otros puntos de vista; pero sí es fácil saber cómo el propio Pablo apalea con argumentos centrales a quienes pretenden desviar de la fe a los creyentes con doctrinas a la ligera (verbigracia, los Gálatas).

Esta escala de ‘mando’ impuesta por algunas iglesias, con un fajo de reglamentos y legalismos arcaicos bajo el brazo, promueven y ejercitan una fe tóxica. El sólo hecho
de que un líder se crea dueño único de aplicar esos reglamentos bajo su óptica y criterio ligeros, es ya una aberración de la doctrina cristiana. Y esto sucede por el mecanismo del liderazgo dizque cristiano pero que está hecho (ojalá y bien) de un montón de mecanismos paganos. Lo tóxico resulta cuando un líder encumbrado a un puesto de responsabilidad, llega a creer que todo lo sabe, que es inmune, se siente la boca de Dios...y nadie lo puede rebatir ni avergonzar con preguntas cuya respuesta desconoce. Si alguien contradice esa posición de privilegio, ese tipo de líderes reaccionan contra quien atenta su autoridad; y lo hace sacando agendas escondidas y reglas no habladas, es decir, con interpretaciones también arbitrarias, a veces, ¡del propio reglamento!, el cual suele ser leído según el estado de ánimo del ejecutor. Ni siquiera los líderes políticos de las democracias en el mundo se comportan como tal. Esta estratagema tiene sus motivos: permite al líder ‘cristiano’ la acumulación de más poder ‘celestial’ y de lucimiento de autoridad ante los demás.

Una fe sana promueve la humildad. Curiosa y paradójicamente, entre uno más sirve y se humilla ante Dios, menos razones tiene para andar buscando la aprobación del otro; menos presión le cae por mostrar que sus agendas de trabajo son lo que deben
imponer sin reclamo alguno. Una fe sana indica al líder que no todo lo sabe y puede fallar. Entonces se enfoca a decir a los demás:  “Tienes razón”, “No lo sé”, “Qué tal si todos investigamos eso de que se tiene duda”, etcétera. Una fe sana, finalmente, sólo conoce del liderazgo no la fama y las lámparas que apuntan hacia el líder, sino un yugo ligero, una cruz pesada y una toalla ceñida a la cintura para lavar los pies de los demás.