Fe tóxica - Fe sana

Por Ignacio García

 Conquistando Territorios

Los jueves, a las 10:30 de la noche, se transmite un programa radial cuyo nombre hace referencia a los odres nuevos. La predicación de esta ocasión es un tema muy interesante que se refiere a la vida cristiana normal. El mensaje es sólido, bien armado, profundamente bíblico...Claro, se trata de uno de los mensajes de Watchman Nee que se traduce simultáneamente al español.

Después de este nutritivo mensaje, vienen los anuncios y promocionales. En uno de éstos se presenta un invitado que
, dice,  viene a promocionar un ministerio que recluta "guerreros de oración”. El propósito de estos grupos es, en palabras del promotor: “Reclamarle al ‘enemigo’ territorios que le pertenecen a Cristo” (¿?). Y se agrega: “Si usted dispone de una hora a la semana, y puede formar un grupo de tres personas...entonces es usted candidato a ser un ‘guerrero de oración’...Su grupo se avocará a rodear un territorio de su localidad... lo harán a pie o en automóvil...orando y exigiendo ese territorio para Cristo...Ésta, mi hermano, es la única forma de arrebatar al enemigo las almas que ahora tiene cautivas...Usted sabe...nos hallamos en guerra espiritual”.

Después de haber escuchado a Watchman Nee, uno no sabe qué decir ante este spot de fe tóxica. Seguro que si el promotor hubiera escuchado el mensaje de Nee (lo que no puede hacer porque el programa es grabado) se hubiera dado cuenta lo equivocado que está en cuanto a una práctica que de vida cristiana normal no tiene nada.

Ya en la introducción a esta serie de escritos se ha dicho que algunos evangélicos tienen prácticas que si bien no son malas, no tienen ningún sustento bíblico o no parecen ser cosas en las cuales Dios se quisiera involucrar...
O simplemente, aunque la intención y propósitos son buenos, no es la excelencia que Dios quiere para nuestras vidas. Ésta, de la llamada ‘conquista de territorios’, es una de ellas. De entrada hay que decir que lo tóxico de la enseñanza no se encuentra en su intención, sino en su nula probabilidad de ser avalada por la Palabra de Dios. Adolece de un defecto de teología prorrateada y torcida. Explico: Para poder hacer encajar la ‘toma de territorios’ en la vida cristiana, se pretexta la ‘guerra espiritual’ y para avalar ésta se hecha mano de dos o tres versos de la Biblia totalmente fuera de contexto. Es decir, doctrinal y teológicamente se parte mal, se continúa muy mal y se termina peor.

Ya en otro escrito titulado La guerra espiritual
,  he dado cuenta de la forma en que esta teología se desgrana desde lo insostenible hacia lo aberrante. Aclaro: no niego la guerra espiritual como algunos me lo han hecho saber;  creo en ella totalmente y en aquel artículo referido doy fe de ello. Me limitaré aquí a examinar el porqué la práctica de la ‘demanda de territorios’ es parte de una fe tóxica...Lo es porque se planta como una doctrina carente de respuestas...a la que hay que creer a ciegas, sólo porque uno que se dice ‘ungido’ nos lo dice. Pero aun: esos ungidos tampoco tienen una respuesta bíblica al asunto, no porque sea complejo, sino porque en la Biblia no existe lugar para tales prácticas. Lo tóxico se halla pues en implantar la práctica sin tener como avalarla...De ellas estamos llenos los evangélicos.

Primero. Es
sintomático que quienes promueven la ‘toma de territorios’ se contradigan y se enreden con un mismo pasaje bíblico tantas veces; además de que acomodan las cosas a su conveniencia. Porque, mire usted, cuando les conviene la cosa es material y, cuando no, la convierten en 'espiritual'. Una de los puntos más ‘fuertes’,  que según tienen los defensores de esta práctica,  es que "no tenemos lucha contra sangre ni carne, sino contra huestes de maldad en los aires". Es decir, imaginan la lucha a nivel espiritual entre fuerzas del bien y el mal...y en el espacio...en los aires.
Entonces viene la contradicción, porque si la lucha es en zonas invisibles y contra
seres espirituales ¿A qué viene que se reclamen edificios, parques, fábricas, casas, cantinas y demás infraestructura para Cristo? ¿Por qué debo andar dando vueltas a una ciudad o barrio o colonia con mi automóvil (todos ellos carne y sangre) para exigirle al ‘enemigo’ que nos entregue dicha zona geográfica que se presume 'espiritual? ¿No sería mejor rodear los aires con una avioneta, un helicóptero y exigir el espacio donde de verdad habitan esas huestes? Ah, pero no: a algunos, de pronto, les conviene que la lucha sí sea a nivel de carne y sangre y mandan a sus reclutados a darle vuelta al bloque o la manzana de los vecindarios...

Segundo. Las preguntas sobre esta práctica surgen entonces a borbotones (con el consabido silencio de quienes no tienen una respuesta adecuada a las interrogaciones). ¿En qué parte de la Biblia se ordena que hay que ‘exigirle’ al diablo territorios que pertenecen a Cristo? En todo caso ¿cómo distinguir cuáles sí y cuáles no son ya territorios del Señor para entonces no ir a pelearlos? ¿Qué sucede si el territorio arrebatado al ‘enemigo’ sigue infestado de droga, sexo, criminalidad ...aun cuando se confiesa haberlo ganado?.

Porque si la cosa de territorios sagrados obtenidos por rodear bares y cantinas es así, entonces déjenme decirles que los mormones tienen razón... Ellos consideran (desde su emigración al estado de Utah
, USA)) que ese territorio es la Sión celestial que ellos han ganado para Cristo... Si a esas vamos, los moros que habitaron Europa durante casi mil años también estaban en lo correcto al decir que ese era territorio sagrado de Alá. Y a los españoles hay que levantarles un monumento pues dijeron que América era del Señor...Y hasta la ‘Evangelizaron’.

La Biblia no da señal alguna de reclamaciones de ese tipo; la historia cristiana tampoco. Algunos han tomado la orden de conquistar Canaán por manos de Josué como la
'señal’ y ‘evidencia’ de que su doctrina es bíblica; lo cual resulta totalmente fuera de contexto y definitivamente aparece como una manipulación de la Escritura, hasta eso, mal hecha. Porque si se toman esos pasaje de Josué como ‘prueba’, habría entonces que respetar todos los mandatos que se incluyen allí; uno de los cuales es no tomar del anatema...En el asunto que nos ocupa, no usar edificios ni mobiliario ni nada que pertenezca al territorio del diablo, so pena de ser pasados a espada.

Por lo demás, es difícil hallar a un hombre de Dios practicando este asunto. Jeremías no sólo no reclamó
algo sino que ni siquiera ganó a ninguno de sus contemporáneos para Dios. Isaías abrió su boca y lo denostaron. Daniel vivió bajo un imperio pagano y el único reclamo que mostró fue su ejemplo. Jonás fue y ganó a Nínive, que después se convirtió al Islam. Salomón tuvo al reino, lo disfrutó y reclamó para Dios...cuando murió, ese territorio fue dividido y luego una parte de él se perdió.

No se ve tampoco que en los escritos de los apóstoles haya alguien en la iglesia practicado esto o avisado que los creyentes podrían practicar ese "pancho"  en los últimos tiempos, o cualquier época de la iglesia. Es más, los primeros cristianos tenían razón suficiente para ‘exigirle’ al demonio territorios ya pertenecientes a Cristo...pero permanecieron esclavos y perseguidos por el Imperio Romano durante 320 años más. Es decir, el diablo no soltó esos terrenos que, según esa insana doctrina, le pertenecían.

En la historia más moderna podemos seguir el ministerio de John Wesley quien ‘reclamó’ al diablo Inglaterra. Su ministerio fue grandioso al grado de un  gran avivamiento espiritual; pero hoy, ese país rescatado de las garras de Satanás por Wesley, muestra una gran indolencia por la palabra de Dios. Y más reciente aún es el gran trabajo del predicador norteamericano, el Dr. Moody, quien hoy se sorprendería al ver que el Chicago que el ganó como territorio para Cristo es un bebedero de cerveza y distribuidora de cocaína y crack. ¿Quiere decir todo esto que el diablo ‘recuperó’ sus territorios que una vez alguien osó quitarle? ¡No! Es la interpretación equívoca de esas conquistas territoriales inventadas por el hombre las que le dan sin-sentido a la historia y a la doctrina cristiana.

¿Enseñó Jesús a alguno ‘exigirle’ al diablo lo que a Él le pertenece? Nunca. No lo vemos agrupar a sus discípulos para iniciar jornadas de volantín (darle vueltas a una cosa) y orando pidiendo a Satanás la devolución de lo que el mismo Jesús no supo retener. No, nunca lo hizo.
Lo que uno, en todo caso, se debe preguntar, es,  no si se puede o no andarle dando rondines a los barrios, sino si Dios realmente está involucrado en dichas prácticas; si está de acuerdo con esas ‘ayudas’ que algunos le quieren dar en aras de recuperar pedazos del reino perdido; o permitir que se use Su nombre para cosas que ni Él ni sus apóstoles ordenaron.

Voltear la tortilla y decir que no son territorios físicos los que se reclaman sino almas que tiene el diablo, resulta tanto peor que lo primero. Teológica y doctrinalmente este punto de vista de exigirle al ‘enemigo’ almas que son de Cristo, es insostenible. Pero cuando uno pide explicación sobre tal  práctica (ya se ha dicho) no hay respuestas...Bueno, sí la hay, se nos dice que es porque estamos en ‘guerra espiritual’...
Si esto es así, si una práctica se deriva de ese contexto
lleno de vacío, entonces todo se vale. ¿Por qué no ir mejor de rodillas por las colonias para exigir su ‘liberación’?. Si estamos en ’guerra’ cualquiera puede inventarse su método para hacerla: enterrar biblias y estacas, poner listones morados alrededor de los edificios y hasta prender lámparas votivas con algunos milagros colgando de ellas ¿Por qué no? ¿Qué tienen estas ceremonias que no contengan aquellas?

Y es que, la nula respuesta a la primera pregunta se anula envolviéndola en otra que tampoco responde... porque si se pide se nombren por lo menos tres bases bíblicas (no entre-sacadas y fuera de contexto) acerca de la ‘guerra’, entonces la contestación oscila entre que Dios todo-lo-puede o uno es un mentecato desprovisto-de-fe; es decir:
la respuesta de los inventores de esta doctrina sigue siendo de menos cero.

Una fe sana sabe que Dios es Señor del universo y suyos son la plenitud de los cielos. Conoce que el hombre vive en un mundo caído, en donde se le ha colocado como responsable de sus actos. En este mundo el bien y el mal conviven a la par y no existen territorios, unos del diablo y otros de Dios. La responsabilidad cristiana es no adaptarse a la forma del mundo y transformarse en la renovación de nuestro entendimiento. La fe sana no promulga que se le pueda exigir nada al diablo; menos aún almas cuya responsabilidad personal se halla en responder al llamado del evangelio
en forma personal, cuando éste se promulga a la manera que Cristo lo ordenó, y no por formas inventadas por el hombre mismo. Esta fe sana promulga que Jesús ha vencido al diablo y que Dios está en medio de nosotros, sea el lugar que fuere; si ganado para Él o no. Lo contrario parece una broma de mal gusto, una enseñanza torcida: pura fe tóxica.

    

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