Fe tóxica - Fe sana

 

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Fe tóxica - Fe sana

 
Fe tóxica - Fe sana

Por Ignacio García

 Mujeres: "Obedezcan a sus maridos"

En la radio evangélica de mi país (como, imagino, en otros muchos) no sólo hay predicaciones y alabanzas; algunos ministerios tienen sesiones de consejería, la mayor de las veces de carácter directivo más que optativo. Largo sería explicar uno y otro modelo aquí, baste decir que en el directivo se deja al consejero (pastor, líder, consultor) la decisión y directriz en la solución del problema del que pide consejo; en el optativo (no-directivo) el consejero presenta una serie de opciones y enfrenta a la persona para que ésta elija lo que considere favorable. De esta forma se evitan cosas extremas, como aquella en la que el pastor es quien decide en una familia cuándo, cómo, con quién y dónde una chica casadera habrá de matrimoniarse.

El programa radial que escucho se halla en el intervalo donde uno de esos consejeros espirituales (de tendencias directivas) va desglosando uno a uno los problemas que le consultan. Me limito aquí a narrar la historia de una mujer cuya misión en el matrimonio, durante 17 años, ha sido la cocina, lavar trastos y ropa, atender a los hijos y al marido. Con humanas aspiraciones, que en todo ser humano son válidas, en los últimos meses ella ha querido terminar su bachillerato y mejorar su vida; el marido se ha opuesto: la única razón que él esgrime es
,  dice: “Yo soy la cabeza del hogar”.

La mujer tiene ahora la gran oportunidad de terminas esos estudios en un año, a través de la Internet; misma en la que, terminado ese período, puede acceder a la educación superior. El esposo tiene una PC en su estudio dentro del hogar; la tiene bajo llave (contraseña) pues teme que la mujer la use: le explica a la mujer que ella no sabría manejar la PC y que, además (causa principal del cerrojo) le quitaría tiempo en la atención de sus labores domésticas. Estudiar en la PC, ni hablar. ¿Para qué? ¿Para que después ya no lo atienda como se debe?. El matrimonio, junto con sus tres hijos, asisten a una iglesia evangélica de tipo carismático. Ella no se atreve a pedir consejo a su pastor porque siempre que lo ha oído hablar de matrimonio, ella ha salido lastimada y el esposo fortalecido de su trato hacia ella. Por eso, ahora, se ha decidido enviar un mail a este consejero radial, esperando una respuesta a su problema.

Y sí, el consejo no se deja esperar en este tono:

“Mi querida hermana...pero yo no entiendo a su pregunta...La postura de su marido es clara y se ajusta a lo que la Biblia dice: el hombre es la cabeza de la mujer, el líder del hogar, la autoridad de su familia...Dios ordena que debe sometérsele en todo...pase lo que pase
; mi hermana, usted debe estar sujeta a las decisiones de su marido..Seguramente que si usted ora, se dará cuenta de este misterio de Dios...si lo entiende, poco a poco le vendrán la paz y la conformidad a usted y a su hogar...Obedezca, sujétese a su esposo, mi hermana....¿Qué otro caso tenemos...?”

En círculos evangélicos existe un gran malentendido (más obvio a medida que avanza el conocimiento y técnicas de la conducta), y consiste en creer que porque alguien sabe algo de la Biblia o ya lo nombraron líder del talento, automáticamente esto lo convierte en
'consejero espiritual'. No es así. La verdad es que los pastores y líderes responsables, con mucha diligencia además, buscan prepararse en este terreno. Conozco un buen número de ellos quienes, junto con sus esposas, toman cursos bajo la guía de expertos en consejería, mucho antes de salir y enfrentar este terreno minado.

Producto de una nula preparación
, es este tipo de consejería que acabo de escuchar. La ligereza del consejo se aviva con una cita aleatoria y un reclamo (más que consejo) que va a causar más daño que bien: en un minuto se determina la suerte de una mujer. Muchas veces lo hemos dicho, ahora lo volvemos a decir: ¿Cómo puede ser que de un solo verso alguien derive una doctrina cuya consecuencia va a intoxicar la existencia de un ser humano? Ofrecer bibliazos como sucedáneo de consejería parece un asunto no muy honesto.

Aun el apóstol Pablo en este capítulo de Efesios 5, ofrece un tono de sugerencia, de reconvenir y recomendar. Lo peligroso en el ‘consejo’ que nos ocupa, es la pobre exégesis que se hace de un solo verso (5:22); y es pobre porque ordena (el consejo) a que la mujer se mantenga sometida a un marido que, por otro lado, incumple a sí mismo lo demás del mandamiento. Una exégesis menos descuidada abre posibilidades más nobles que enriquecen la vida de ese matrimonio. Veamos.

1) La Carta a los Efesios no es un verso, ni tampoco el verso es el capítulo: la carta es un escrito coherente que debe ser leído completo, como toda correspondencia que se precie de serlo.

2) Se admite que en una misma carta los temas pueden ser distintos, tanto que ha sido posible separarla mediante capítulos, versículos y hasta encabezados temáticos. Aun así, el verso 5.22 no es ni exclusivo ni absoluto...es parte de lo demás. Tomarlo aislado sería como si alguien tiene que hacer una decisión importante en su vida basado en lo que
dice una carta,  y sólo pide analizar la hoja 3, línea 28 y a partir de la séptima vocal de esa información. Nadie hace eso...Bueno, por lo menos en la vida diaria.

3) Ya admitido esto, se ve que la carta tiene no una sola sino varias ordenanzas para la iglesia, en los versos 5:18-21 se pueden observar:

a) No emborracharse con vino
b)
Hablar cada uno con salmos e himnos
c)
Orar dando gracias en todo
d)
Sujetarse los UNOS-A-LOS-OTROS en el temor de Cristo.

4) Cada una de las ordenanzas anteriores está dirigida en plural, a todos los creyentes. A estas ordenanzas poco caso hacen los maridos-opresores...porque enseguida se saltan al 5:22. Este verso es lo que el clásico macho-evangélico esperaba; si bien, histórica y culturalmente no necesitaba de él para oprimir a su esposa. Pero
ahora sí le sirve de ‘refuerzo’...y refuerzo 'divino', que es lo peor. “Ya ves que no estaba yo mal...hasta el pastor dice que mi trato hacia ti es el que debe ser” --le dice el hombre a su esposa. Una predicación que avala este tipo de sometimiento es celebrado por algunos a grito abierto por la enorme ventaja que les brinda a los maridos de perpetuarse como machos-dominantes. De esta forma el verso 22 es ponderado, discutido, usado y celebrado en un 99% más que los otros cuatro citados en el inciso 3. Porque si de verdad hay tanta importancia en el v.22, ¿por qué no se le da la misma a los otros? Yo nunca he oído que alguien pelee a otro porque no le habla con salmos...Sí he visto a muchos que se deprimen y maldicen por una situación difícil...Y a otros, cuando la esposa y los hijos le reclaman que está bebiendo mucho, contestan que nadie tiene derecho a decirle cómo ‘gobernar’ su hogar: él es el ‘jefe’ de la casa.

5) ¡Ah! pero cuando se llega al v22 de forma aislada, ahí s
í, un nutrido grupo de machos-evangélicos se aglutinan para reclamar su derecho a ‘líderes’ de su hogar. Su celo por cumplir el verso es inigualable y, entonces sí, acuden a la manida frase: “Es que Dios así lo ordena”. Queda claro, pues, que no se trata de cumplir con una parte y dejar la otra a despoblado. Lo tóxico se halla en el énfasis y la hipocresía. Porque no sólo algunos incumplen lo de arriba sino que ni siquiera saben lo que dice el apóstol líneas abajo. Y, cuando algunos se atreven a leerlas, lo hacen leyendo en la metáfora de Pablo cosas que la Biblia no dice. Porque lo del matrimonio ilustrado allí es eso, una metáfora. De acuerdo al diccionario ‘metáfora’ es: "Figura consistente en usar una palabra o frase por otra, estableciendo entre ellas un símil no expresado". Por ejemplo, las manzanas son una metáfora frecuente por las mejillas en la poesía. Decir que una mejilla es en sí una manzana, no es lógico; decir que ‘cabeza’ en el pasaje de Efesios significa ‘jefe’, ‘líder’, ‘patrón’, es aún más desafortunado.

6) Así pues
,  el peligro está en leer cosas que no son lo que se lee. Las metáforas de Pablo cabeza-cuerpo, Cristo-iglesia son un símil y no una cosa. Para algunos, nuestro natural impulso latino de sometimiento a la mujer nos hacen ver más tendenciosamente algo que no se dice: o apenas lo que nos conviene. Así, ‘cabeza’ que es un símil, inmediatamente se traduce como ‘jefe’, como alguien arriba-del-otro, un dominador y una dominada, un gritón y una callada; cuando que, en el contexto de la igualdad establecida por Jesús, esto resulta impensable. La mala lectura de ‘cabeza’ pasa a ser no pocas veces también ‘el que tiene la última palabra’ o bien ‘aquí se hace lo que yo digo’. Y se toman estas posturas como el cumplimiento cabal de lo que Pablo ordena con respecto al matrimonio.

7) La otra metáfora se queda afuera. Porque Pablo también dice, de forma inigualablemente bella, que marido y mujer son “una sola carne”. Pero pocos quieren resolver esto que Pablo llama “misterio” y traducen y enseñan y aconsejan que el “misterio” es que el marido siempre esté pisoteando a la esposa...En su versión bíblica es lo que ellos leen.

8) Pero aún las versiones tienen lo suyo. Separada por capítulos y versos, la carta a los Efesios hace que el lector haga lecturas intermitentes, e impide leer correctamente. De hacerlo hallaríamos el siguiente contexto en el idioma griego: “Someteos unos a otros en el temor del Señor; las esposas a sus propios maridos”. Así, sin el añadido del verbo “estad sujetas”. Las últimas versiones colocan estas dos palabras en itálicas para señalar que las tales fueron añadidas posteriormente al texto
(verbigracia: La Biblia Textual)

9) Esa es una; la otra es que aún admitiendo que la palabra “sujétense” sí se encuentra en el original, su significado en griego dista mucho de connotar dominio de uno sobre el otro. Más aún, ni siquiera en español tiene ese significado. Si yo le digo a mi hijo que se sujete de mí, me toma de la mano. Si le indico que se sujete a mí, no es para abolir lo más elemental de sus aspiraciones.

10) Los versos 21-22 de este capítulo parecen una trampa para los exegetas por muchas razones. Por un lado, el mandato es un “someterse el unos-a-los-otros”, sin excepción: porque entonces diría: “los unos que no son todos, y los todos que no son algunos”. Esto quiere decir que si una pareja pertenece a una iglesia ambos deben someterse a los otros miembros: eso es claro. Pero, allí en la iglesia ¿deben el marido y la mujer someterse el uno al otro y saliendo de ella se rompe el encanto y ya la mujer es la única sometida? Si el marido no se somete a su esposa ¿entonces la mujer no es miembro del cuerpo de Cristo? ¿O es sólo un miembro de excepción? Si resulta que sí se someten el uno al otro pero sólo mientras están en el templo ¿es el templo el escenario central de la vida cristiana? En cuyo caso saliendo del edificio mi pastor pasa a ser un empleado más y no alguien a quien deba yo someterme...Así
, él a mí. Se llega entonces al absurdo de una iglesia en la que existen 50 parejas (la mayoría), las cuales no obedecen al verso 21: no se someten el uno-al-otro porque los maridos (y algunas feministas también) se saltan al verso 22. Resultado: que de una población de, digamos 150 miembros, sólo 50 de ellos (niños, jóvenes, solteros y ancianos viudos) son los que practican lo que Pablo enseña; es decir sólo un 33%...Las demás parejas (el 67%) no lo hace porque el esposo tiene otra prioridad: que la mujer esté sujeta a su ‘jefatura’; tal y como ocurre entre los paganos donde existe un patrón y su sirvienta.

11) Se ve, pues, que aquí no se trata de ver si la mujer se somete o no al marido: eso queda claro...pero ¿y el marido?. Sara Sumner, en un precioso libro titulado “Men & Woman in the church: Building a Consensus on Chrisitian Leadership”, nos ayuda con un cuadro c
ruzado de elementos mutuamente complementarios:

1) Cuerpo
                      a) Sacrificio
2) Sumisión
                   b) Amor
3) Respeto
                     c) Cabeza

El lector trate de relacionar estos elementos. Las respuestas correctas son necesariamente 1-c, 2-a y 3-b. Si usted marido o esposa ha relacionado correctamente los elementos pero aun así sigue pensando que uno de ellos no le corresponde hacer, algo anda mal. Usted no puede rechazar uno de ellos y quedarse con los que más acomoden a su hombría (o fem
inidad). Como marido no puede optar por tomar sólo ser ‘cabeza’, hacer de ella ‘cuerpo-sumiso-y-respetuoso’ y olvidar a sí mismo de sacrificarse por ella y amarla.

12) Hablando del amor, para los que quieren ‘mandar’ en su casa: en su metáfora Pablo dice a la mujer que se sujete
; pero lo dice una sola vez...En cambio, al marido lo tunde, recordándole hasta ¡tres veces! (versos 25,28, 33) que debe amar a su mujer. Ahora, ese amor no es un amor común, uno del montón, uno que no combina dominio ni fuerza y muchos menos insultos y trato indigno. ¿Hablamos de obligaciones? El marido está obligado a amar a su mujer ¡COMO CRISTO AMO A LA IGLESIA! ... Simplemente, no puede haber una cosa sin la otra. Pablo no le dice a la mujer que se someta a cambio de nada...le prepara a un marido que se sacrifica y la honra. Vano resulta hablar de ‘sujeción de la mujer’ , agarrándose con las uñas de un solo verso,  si no se es congruente con el resto del discurso. Tomar lo uno y dejar lo otro es abaratar el evangelio de Jesucristo para quien no “hay ni hombre ni mujer”.

13) En ningún lado de la Biblia se enseña que el hombre deba poseer una autoridad humillante hacia su mujer. Por el contrario, Jesús dignificó al género femenino y lo hizo libre. Estableció, ciertamente, un gobierno en el matrimonio, pero bajo una relación de entrega mutua. Más que eso. Lo mejor de la metáfora no es, ni por asomo, ese ‘jetattura’ de la que algunos hombres-evangélicos echan mano para alisar su machismo; lo es
éso que Pablo llama “un misterio”, y que se traduce en palabras de Jesús como “una sola carne”. Esa unidad, ese uno solo que representan el hombre y la mujer cristianos, es lo que da verdadero sentido de respeto, justicia y sacrificio a quienes viven bajo un mismo techo