Fe tóxica - Fe sana
Por Ignacio García
El asunto de la fe es uno de los menos comprendidos y mal manejados por un buen número de predicadores, maestros y líderes. A menudo el tema es mal entendido de manera profunda. Y esto se debe a un círculo vicioso del mismo asunto. La fe parece dar entender que debe creerse así nomás porque sí; entonces cualquiera puede decir a otro “cree por fe” y Dios lo hará. En otras palabras, tomada como tal, la palabra “fe” en labios de cualquiera que enseñe, no necesita más que ser nombrada para implicar ella misma toda posibilidad de acción por parte de Dios; pero si uno no hace caso a esos llamados dispersos de “fe”, entonces se le toma al creyente como alguien que no la tiene. Todo un círculo tóxico.
Así ocurre con un predicador que trata este tema, en un programa radial de nombre “Vencedores”. En un discurso de cerca 25 minutos, se la pasa con lo mismo todo el tiempo. “Usted debe creer sin preguntar...”; “Cristo no nos pide que averigüemos, sino que le creamos...”, “La fe es cerrar los ojos y decir: sí Señor, te creo”; “Esos que mezclan la ciencia y la razón con la fe, están muy equivocados...”; “Algunos que lo piensan mucho, jamás reciben nada...”. Etcétera.
Por principio, el predicador comete un error: sólo tiene y hace caso a la única definición de fe que hay en la Biblia (Hebreos 11:1-4) y ahí se la pasa dizque basado en esa cita...De hecho así lo hace la mayor parte de los creyentes: se afianzan de una descripción y no hacen caso al contenido de esa misma fe.
Más problemático se vuelve el asunto cuando de esa definición algunos toman únicamente una parte: aquella que dice: “la convicción de lo que no se ve”. Y este “no se ve” se lleva a un contexto en el que la fe se interpreta como un salto en el vacío, una creencia ciega.
Luego, el predicador comete un error aún peor. Pone una canción que sirve de fondo musical a su discurso en los últimos dos minutos, y la toma como ejemplo de lo que "debe ser la fe". La canción, creo, es de Jesús Adrián Romero, y dice en uno de sus párrafos: “Yo no confío con la mente, lo hago con el corazón...” (¿?) Y en otro párrafo: “Mi mente dice no, no es posible...Pero mi corazón, confiado está en ti, Tú siempre has sido fiel..."
La canción ciertamente es bonita, su contenido (creo) alegórico, poético; pero no es un canto para andar siendo puesto de ejemplo de la fe que debe ejercer el creyente. De esta clase de predicaciones está llena la radio evangélica (por lo menos la que se desliza por los aires de mi país y estado)
En algunas denominaciones hay creyentes que se hacen llamar “gente de fe”. Pocos, muy pocos (como lo evidencia una encuesta que publiqué en este sitio, y titulada “¿Qué es la fe?”) saben responder a esto: ¿qué es la fe?. Si fuera por Hebreos 11:1, un número mínimo de creyentes conocería cuál es el contenido y práctica de esa “fe”, y se quedarían con la pura definición. Esto provoca un abismo tóxico en las iglesias: gente de “fe” que tiene fe cuando la razón les es contraria; que piensa que la fe esta peleada con los hechos, con la evidencia; que dice a otros “que Dios es más grande que nuestros problemas”, pero al mismo tiempo piensa que la fe debe es un salto ciego que debe evitar mirar la relación de los hechos.
J. P. Moreland se atreve a sugerir algo interesante. Dice que si la fe es una creencia a ciegas, sin relación con la realidad, entonces lo mejor que podía suceder al cristianismo es que algún día fueran hallados los huesos de Jesús. Si fueran encontrados, significaría que Jesús jamás resucitó, lo que iría en contra de nuestras creencias pues nosotros afirmamos que sí resucitó el Señor. Pero entonces, aquellos que se dicen “gente de fe” y la practican contraria a los hechos ¿qué harían? Seguro que seguirían creyendo, teniendo “fe” a pesar de la evidencia que les es contraria. Pero la fe es precisamente el reverso: tenemos fe, y nuestra fe es firme, porque la evidencia (nadie ha hallado los huesos) está de nuestra parte. Así de fácil. Sin la evidencia, la fe no vale.
Algunos se arriman a Abraham y hablan de tener una fe igual a de de él. Pero la fe de Abraham, cuando cree a Dios, no es una creencia sin evidencia. En un primer llamado Dios dice a Abraham: “Ven y mira los cielos...” ¡Increíble! En otras palabras lo que Dios le dice es: “He aquí la evidencia de mi poder. Ese orden, esa belleza, esa exactitud de los astros, es muestra palpable, evidencia irrefutable, de que puedo darte un hijo a la hora que yo quiera”. Así es como Abraham creyó: no en el vacío, no a ciegas, no sin los hechos a la vista; más bien es todo ese magnífico espectáculo el que lo convence de la grandeza de Dios.
Realmente, si la fe cristiana es solamente una serie de deseos y peticiones que se trabajan por medio de una creencia a ciegas, no es mejor que cualquier otra religión en la que se obtienen resultados mejores con una fe casi a la par que la que algunos cristianos profesan. Una de las más grandes distintivas de la fe cristiana es que no está peleada con la razón: al contrario, ésta es la que soporta su contenido y la hace crecer.
El salto de fe
El párrafo en la canción de Jesús Adrián Romero que dice: “Yo no confío con la mente, lo hago con el corazón”, es tomado por muchos creyentes con valor equiparable a Hebreos 11:1. Un inmenso número de evangélicos practican, más que fe cristina, eso que dice el músico: corazonadas, presentimientos, sentimientos cruzados: no se de paso a la razón de su fe como dice el apóstol Pedro, no se deja que la mente de transforme y enriquezca y colabore con nuestra creencia; dejamos a un lado el tener la mente de Cristo: simplemente se practica una creencia sin fondo ni forma.
Una fe sana es una que promueve no sólo la definición de “fe” sino el ejercicio de esa fe, poniéndola en acción: la fe es actividad más que pasividad. En Hebreos 11.1 encontramos las siguientes palabras que definen a la fe: certeza y convicción. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” Ahora bien ¿Qué es lo que nos da esa certeza, esa confianza? Veamos un ejemplo que utiliza Greg Koukl para ilustrar estos términos.
Si compras un billete de lotería (de esos que se rascan para ver el número) ¿esperas ganar el premio? ¡Claro! si no nadie compraría un boleto con la esperanza ¡de no sacarse nada! [supongo que algunos cristianos no juegan a eso, pero sí compran algún boletillo para una rifa interna de la iglesia, más aún si se rifa por ejemplo un auto; para lo cual, da lo mismo] Ahora bien, casi todos tienen la “esperanza” de sacarse algo pero no la seguridad de obtenerlo. Nadie está seguro que el boleto de él es el que ganará sobre otro millón de boletos. ¿O sí?
Pero, supongamos que alguien posee vista de rayos X y puede ver a través de la capa gris que cubre los boletos antes de rascarle; así, uno sabría si tienen el premio de 100, 200 o 1000 billetes (regularmente ganas si se repiten tres números o figuras) ¿no es cierto? En este caso tú no tienes sólo la “esperanza” de ganar, tienes la “seguridad” de hacerlo: tienes seguridad sobre esas cosas en las que antes sólo tenías esperanza. Hay esperanza con convicción, no sólo esperanza, porque ésta se halla reforzada por la evidencia y los hechos.
Así funciona la fe sana. En tanto la fe tóxica espera en algo que no sabe si va a obtener, la fe sana tiene la evidencia de que sucederá: no se queda sólo con la esperanza. La resurrección de Cristo da seguridad a la esperanza. Quien haya investigado y llegado a las evidencias, sabe que éstas demuestran claramente que Jesús se levantó de los muertos...Pero lo hace no sólo porque se lo cuentan y un “ungido” dice que así es, sino porque esa fe sana ha investigado y los hechos han confirmado su creencia. Por ello Pablo dice esto en 1 Corintios 15: “Si no hay evidencia de que Cristo resucitó, vana es nuestra esperanza”. En otras palabras: si no hay pruebas de esto, nuestra fe no sirve. Y esto ocurre en todos los hechos de la vida. La fe no funciona en el aire o mediante saltos de fe. (Un salto de fe –del que hemos hablado mucho— ocurre cuando creemos en dogmas, dichos, doctrinas, sanidades y espanta-demonios, sin tener evidencia alguna de su validez, primero desde el punto de vista bíblico y luego en la realidad cotidiana: por ejemplo, creer que un pastor/predicador es la boca de Dios, es un salto de fe gigantesco)
Permítame el lector ahora poner tres ejemplos en los que la fe es acción y no sólo un creer sin evidencia alguna.
1) En el libro de Génesis capítulo 15, se presenta una situación admirable. Dios promete a Abraham un hijo, en un tiempo en el que al patriarca y su mujer ya se les pasó la edad de hacerlo. De acuerdo a la fe tóxica Abraham debió de haber creído a Dios sin preguntar, sólo por creer, y atenerse a la fe de los sentimientos. Pero no fue así. En el verso 8 podemos leer:
“Y él [Abraham] respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?”
¡El padre de la fe estaba pidiendo pruebas, evidencias de lo que Dios le decía¡ Abraham no se conformó a sólo creerle a Dios, le exigió realidades! Ahora bien: Dios pudo haberse enojado con él, lo pudo haber tratado de hombre de poca fe, y dicho: ¿por qué no me crees así nomás? Por el contrario, hay en este pasaje una correspondencia a la demanda de fe. Dios entiende y le dice a Abraham: “Está bien, quieres una prueba, te la voy a dar”. Y lo manda a preparar un sacrificio. Algunos que estudian este pasaje creen que el sacrificio era un ‘acto de fe’ porque Abraham ya había creído: no es eso lo que la Biblia enseña; al contrario, el sacrificio era sólo el instrumento a través de la cual Dios le iba dar pruebas a Abraham para que éste reforzara su fe. Ya entrada la noche y bajo una espera-desesperada por parte de Abraham, Dios se le aparece en una forma extraordinaria; dice el verso 17:
“Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos”.
¿Cómo no iba a tener fe Abraham ante este espectáculo tan majestuoso?
Dios no hizo confiar a Abraham a ciegas, hizo un pacto con él como PRUEBA de su fe. Lo mismo que cuando adquirimos una propiedad y nuestra certeza de la compra se halla en el hecho real de un documento avalado por la autoridad correspondiente, y no sólo porque tenemos ‘fe’ en la transacción..
2) En el libro de Éxodo hallamos algo similar. Cuando Dios pide a Moisés que regrese a Egipto y saque al pueblo de la esclavitud...el profeta no cree que todo vaya a ser tan fácil. Los tóxicos de la fe dirían: “Yo iría inmediatamente por ‘fe’ si el Señor me lo ordena...No preguntaría, obedecería luego, luego...Las pruebas son para los incrédulos...” y cosas absurdas y semejantes.
Pero veamos cómo procede Moisés (otro héroe de la fe). Le dice a Jehová que le ¡dé una prueba!. Fíjese el lector en esto: Moisés no cree que el pueblo o faraón le van a creer a él sólo porque se ostenta mensajero de Dios. El pueblo, sobre todo, necesitará también pruebas y no una fe ciega que cree a todo lo que le dicen sin comprobar. Dice Moisés:
“Si les digo que me Tú me hablaste y me envías, ellos no me creerán”; “Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová” (Génesis 4:1) ¡Claro! Es la sola palabra de Moisés contra 400 años de esclavitud. Así es que el futuro libertador exige a Dios algo más que palabras...Y Dios se lo concede. Le pregunta que tiene en la mano, y Moisés contesta que una vara. Ya todos sabemos lo que sucede con esta vara.
“Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.
El le dijo: Echala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob” (versos 2-5)
Vea el lector el énfasis: Por ESTO CREERÁN que te ha enviado Jehová...Contrario a muchos que se dicen profetas y quieren que se les crea a ministerios sin evidencia y/o fraudulentos; o que empujan a la gente a creer con una clase de 'fe’ muy sentimental y sin sustento alguno; sobre todo en algunos teatros donde, dicen, sanan a la gente y resulta que esas personas llegan a sus casas con los mismos dolores de antes. ¡Ah! pero si uno duda de esos ‘ungidos’ se le califica a uno de rebelde y contrario a la ‘fe’. ¡Puras pedradas tóxicas¡ Se pide a uno que ‘crea’, tenga ‘fe’, en sanidades que incluyen gripes, migrañas, callos...pero no existe evidencia alguna de que a los ‘ungidos’ les sigan señales como a Jesús, quien sanó a cojos, paralíticos, mudos, ciegos y sordos: aquí la realidad es igual a cero. Por innegable que parezca.
Uno no puede ejercitar la clase de fe que demanda la Biblia a menos que razonablemente esté seguro de que algo en particular es verdad. Este es un hecho incuestionable a lo largo de la vida de todos los héroes de la fe. En la corta visión de algunos creyentes, se cree que Moisés, Abraham, Rahab, Elías y otros, creyeron a la primera y sin dudar. Lo cual resulta inexacto y anti-bíblico.
3) El tercer y último caso es Jesús mismo. El pasaje es más que hermoso didácticamente hablando. En Marcos 2 hallamos a Jesús hablando con un grupo de gente en el interior de una casa. Otro grupo, afuera de ella, quiere ver a Jesús para que éste atienda a un paralítico. Como no pueden entrar a causa de la multitud, se suben a la azotea, hacen un hoyo y cuelan por ahí al enfermo. Jesús se maravilla, pero su proceder es insólito: aquí, los ‘sanadores’ modernos (de teatros y plateas) se dan de topes porque hubieran querido que Jesús sanara a este enfermo inmediatamente (como si sanar fuera la prioridad de Su ministerio). Jesús no hace eso. En vez de ello le dice al hombre: “Hijo, tus pecados te son perdonados” ¡Excelente!... ¿Y la sanidad? No la hay. Todo hubiera quedado ahí si no es que los hipócritas protestan y dicen: “¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?”
Entonces Jesús los avasalla. Hace una pregunta que hoy muy pocos ponen en práctica y cuando la ponen se van de bruces. Dice Jesús:
“¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados, o levántate y anda?”
Una pregunta verdadera e inquietante. ¿Usted que haría, qué responde a esta pregunta? ¿Qué es más fácil hacer de acuerdo a la pregunta de Jesús? Por supuesto que para los que se dicen ‘sanadores’ y saca-demonios y de esta forma defraudan a la gente, es más fácil jactarse de hacer lo invisible (predicar, gritar, mal-enseñar, exigirle lo inexigible al demonio) que hacer lo segundo en lo concreto. En otras palabras, es más fácil andar presionando a la gente para que diga que por la oración del ‘ungido’ ésta ya está ‘sana’, que sanarla de verdad. A esto se le llama ‘la imposición del dogma por sobre la salud del creyente’. Porque entonces, bajo una fe sin evidencia alguna, el creyente deja de ir al médico, de tratarse con medicina de patente o natural, de examinarse por medio de análisis u hospitalizarse...con la subsiguiente recaída y empeoramiento de su salud.
¿Qué es más fácil? Para Jesús tanto lo uno como lo otro lo es. Lo que él está preguntando es que si su autoridad de perdonar (hecho intangible) no basta, Él puede darles una PRUEBA de su poder y autoridad...si eso ayudara a su fe (hecho tangible). Lo uno y lo otro no están divorciados. Y entonces dice “Pues para que vean que el Hijo de Dios tiene autoridad, a ti te digo: levántate y anda” Y el paralítico se levanta enseguida...El hecho es contundente, la prueba irrebatible; no como los dizque sanadores que se ponen a los gritos desde la mañana a la tarde y no logran absolutamente nada. Para quienes todavía dudaban de Jesús, Él sí da evidencia para que crean en Él.
Otro ejemplo singular es el de Nicodemo. Los tóxicos creen que el fariseo creía a ciegas, pero Juan 3.2 dice: “Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él..” La cosa es clara. Nicodemo creía a Jesús no porque tenía fe, sino porque ya la fe había sido alimentada por los milagros hechos por Jesús.
Finalmente. Recordemos que creer es una elección más que una compulsión. No se puede tener fe, si no se escoge en qué y a quién creer. Los escribas y fariseos son el ejemplo claro de lo dicho aquí. Ellos vieron las señales y milagros que Jesús hizo. Tenían la prueba, la evidencia, y sin embargo decidieron no creer a Jesús: Dice el libro de Juan que viendo las señales que Él hacía, ni aún así le creyeron. Luego están los otros, los modernos creyentes de una fe vacía, los que animan a creer en el hoyo y son capaces de insistir en una 'fe' hueca a pesar de que la realidad se les presenta totalmente contraria.
Aquellos creyentes que aún piensan que primero ocurre la fe y luego el milagro, están en una línea muy cercana a la ignorancia, porque si leemos los evangelios encontramos que “...realizando Jesús muchos milagros y señales la gente creía en Él”. No primero creían y luego era el milagro. Lo mismo ocurre en el AT y en Los Hechos de los Apóstoles.
Final
La fe tóxica que algunos nos quieren vender, basados en “Yo no confío con la mente, lo hago con el corazón”, se parecen a ese vendedor de automóviles que nos ofrece una súper-ganga por un modelo impresionante, con la única condición de no levantar el cofre para que podamos ver las condiciones en que se halla la máquina...
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