Fe tóxica - Fe sana

Por Ignacio García

 Declárate sano "por fe"
(El salto de fe en la sanidad)

 

Un caso de programa radial

Llego un poco tarde. Cuando enciendo el radio éste se encuentra ya sintonizado con uno de esos programas carismático-Pentecostés en los que se grita más de lo que se dice. Esta vez, un predicador que se nombra ‘sanador’ de enfermedades varias, está al habla. En el punto en el que yo llego, el ministro se refiere a señales y milagros que le ‘siguen’ a él,  y que ahora está dispuesto a ejercer desde el púlpito (se supone un programa grabado en la iglesia y luego difundido por la radio). Exhorta a los creyentes que sufren de ‘todo mal’ a pasar al altar, dejarse ‘tocar por su unción’ y ‘declararse sanos en fe’. Y va más allá, dice:

 ‘Seguramente habrá en nuestro programa de radio de mañana (lunes) alguien que esté escuchando esto y no haya podido asistir a nuestro centro de salud...No se preocupe...el Señor también obra desde nuestra oficina de Radio-Sanidad... Si usted está escuchando en estos momentos... haga lo mismo... acérquese a su radio... deje de hacer lo que está haciendo y acérquese... Si está enfermo y nadie la ha podido sanar, éste es el momento... Ponga su mano en su aparato de radio... acérquese, toque el aparato... y sienta la vibración del toque de Dios que en este instante la está restaurando...”

El programa sigue con más gritos y exigencias a los demonios y cosas semejantes, en lo que más que un programa evangélico parece una sesión de vudú haitiano.

Qué es el salto de fe

Para los evangélicos de la década de los sesentas y posteriores, el término “Salto de Fe” es el descrito por Francis A. Shaeffer, y consiste en la actitud por medio de la cual el pensamiento filosófico evita enfrentar los hechos y las evidencias, y pasa (salta) a creer por medio de una fe ciega. Es “el escape de la razón, dando un brinco, hacia un ‘piso superior’ que evita confrontar la realidad” El exhorto del Dr. Schaeffer --autor de una veintena de libros excelentes-- es que el cristiano no debe hacer lo mismo. En su libro “Génesis en el tiempo y en el espacio”, nos da un ejemplo de su tesis. Ésta es amplia, por lo cual a en este artículo se propone una ilustración similar, si bien más corta,  pero más al alcance de los lectores. Posteriormente se ofrecen otros ejemplos más prácticos y actuales.

El caso a las puertas del templo la Hermosa

Hechos 3:1-10 es un pasaje tremendamente ilustrador. Allí se narra el milagro de un cojo, hecho por Pedro y Juan, a las puertas de un templo llamado la Hermosa. En 10 simples versos, la Biblia ofrece los siguientes datos:
 

1.      El nombre de dos personas (Pedro y Juan);

2.     La hora en que ocurrió el hecho (la hora novena del horario judío);

3.     El motivo por el que iban a ese lugar (orar);

4.     El lugar específico al que iban (un templo);

5.     El nombre de ese lugar (la Hermosa);

6.     El hombre con quien se encontraron y su condición (un cojo de nacimiento);

7.     Lo que hacía el cojo (pedir limosna);

8.    La condición económica de los apóstoles (no tenían un peso en la bolsa);

9.     Las palabras que le dijeron al cojo (“no tengo oro ni plata”);

10.La forma en que sanaron al hombre (“en el nombre de Jesús”);

11.  En qué momento lo sanaron (inmediatamente)

12. El resultado de la palabra de Pedro (el paralítico se levantó);

13. Lo que los testigos vieron (al cojo saltar y alabar a Dios;

14. Los antecedentes (la gente reconocía que ese cojo era el mismo que antes pedía limosna);

15. La reacción de esa gente (se llenaron de asombro y espanto)



Hermoso de verdad este pasaje. Hermosa la fe que me lleva a creer que Dios es poderoso para hacer las cosas de acuerdo a su voluntad.

El lector podrá preguntar por qué enumero aquí los datos del pasaje. Es muy simple. Los evangélicos (por lo menos en su gran mayoría) creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, infalible y verdadera. Esto implica una gran responsabilidad para todos nosotros, y significa, en el pasaje que nos ocupa, el que todos los puntos enumerados sean infalibles y verdaderos. Si uno de los puntos falla, es erróneo, no comprobable, no presenta sustento histórico o arqueológico alguno, entonces estamos en un grave problema porque lo que se presenta como revelación divina, resulta que es falible, lo cual, lógicamente, anula cualquier procedencia de lo Alto. Más aún, si fallando uno de estos enunciados nosotros decimos que no importa que falle, de todas formas seguimos creyendo ‘por fe’, estamos entonces efectuando lo que se llama “salto de fe”.

A mi me encanta la forma en que Hechos de los Apóstoles refuerza mi fe. La Biblia no es un libro de fantasía, no es un cuento de hadas, es, por el contrario, un libro histórico que da lugar a que mi inteligencia y entendimiento apoyen mis creencias, mi fe.

Revise una vez más el lector todos los datos que ofrece el pasaje...
La Biblia lo hace para que no realicemos saltos de fe. Pongo las cosas más claras. Si por ejemplo 14 de esos puntos son verdaderos, pero resulta que la arqueología y la historia desmienten y dicen que nunca existió un templo que se llama la Hermosa –que este nombre es un invento de Lucas, no usado por los judíos-- entonces mi fe ya no está bien apoyada. O bien, que Juan y Pedro son un invento de Walt Disney, pues dichos personajes sólo existieron en la imaginación de alguien; entonces mi convicción queda arrasada por una mentira. O que Lucas se equivoca porque la hora de la oración entre los judíos no era la novena sino la sexta, igualmente mi fe se tambalea. O si alguien demuestra que no se acostumbraba dejar que los cojos pidieran limosna; o que era imposible que los apóstoles iban a orar porque a ellos no se les permitía ya la entrada al templo; o simplemente, que se ha comprobado que Pedro y Juan eran muy ricos y mentían porque traían la cartera llena de billetes (y hasta con American Express)... Entonces, ante alguna o varias de estas evidencias que desdicen lo que la Biblia habla, mi fe se vería minada...Aún así, yo podría dar el salto de fe...

El salto de fe ocurre cuando me enfrento a las evidencias y éstas desdicen lo elementalmente lógico, y aún así insisto en decir: “las evidencias y hechos lo niegan, a mí me vale ...yo sigo creyendo 'por fe'. Pero es fe mas no la que enseña la Biblia. Y añado: “Esta bien, Pedro y Juan son un invento, pero no importa, yo tengo fe en que ‘ellos’ hicieron el milagro” ¿De qué tipo de fe estoy hablando? ¡Quién sabe! pero no es la fe que enseña la Biblia. Más bien se parece a la que aceptan los milagros de la virgen de Lourdes nomás por que sí, es decir, por ‘fe’.

Si por el contrario –como se ha visto-- los hechos narrados que incluyen el templo, su nombre, la costumbre, la hora de la oración, etc. son congruentes con lo que se puede comprobar históricamente, entonces el resto de la narración parece verídica. La reacción que pinta de la gente este pasaje es más que humana y demuestra una emoción acorde al entorno cultural del momento.
En vez de dar un salto de circo con mi fe, ésta se vuelve más razonable e invierte el sentido de creer –-lo que por supuesto, enoja a algunos—y me lleva a una situación en la que yo dudaría del milagro del cojo si , por ejemplo, la narración de Lucas dijera que: 1) Pedro y Juan hicieron esto en secreto, 2) O que pusieron a un cojo ‘hechizo’ para que les hiciera el teatro (costumbre muy esparcida entre ministerios emocionales); 3) O que lo hubieran hecho en la calle, pero sin testigos; 4) O que tardaron como seis horas gritoneando al cojo y sacándole demonios...
y se cansaron y lo mandaron a su casa (igual o peor que antes), diciéndole que le pusiera más fe al asunto; 7) O, que el cojo que habían ‘sanado’ y ahora la gente veía saltando y alabando a Dios, no era el mismo cojo que se sentaba a pedir limosna; 8) O, finalmente, que la gente ya estaba tan acostumbrada al ‘teatro’ que ni siquiera los asombró un caso más de todos lo que a diario y como pan se daban desde el templete.

Todo esto, sí me haría dudar. Por fortuna, Hechos
de los Apóstoles  presenta un bello pasaje lleno de coherencia y gratificación para los sentidos de mi fe y entendimiento.

Mi creencia en la sanidad

Algunas personas (que por fortuna son las pocas) escriben a mi correo preguntando si creo en los milagros de sanidad; otros definitivamente me señalan como alguien que niega esos poderes de Dios. Quiero aclarar enfáticamente que sí creo en las sanidades genuinas que vienen de Dios; yo mismo soy un claro ejemplo de una sanidad de ésas. A quienes no creo y, sí, me despiertan un buen número de dudas, es en los que se dicen sanadores, representantes de Dios, poseedores de las señales que Cristo hizo, pero que no muestran evidencia alguna de serlo, y que saltan o esconden algunos de los puntos puestos de ejemplo en la sección anterior. Peor: cuando manifiesto mis dudas y/o pido evidencias a ellos, me acusan de no tener fe y no confiar en Dios. Lo cual es falso. No creo y no tengo fe en ellos, que es distinto. Ellos re-dirigen su salto de fe y me acusan con Dios de no creerle a Él, cuando el asunto en realidad es con ellos: que demuestren que realmente poseen la autoridad y poder de Jesús. Todo lo que se les pide es que avalen ese ministerio de sanidad y no sólo lo sustenten a base de ciertos trucos psicológicos, con manipulación, control, sazonados con enormes saltos de fe.

Le creo y confío ampliamente a Cristo Jesús como sanador, pero desconfío de algunos que se abrogan ese ministerio con cero evidencias o métodos anti-bíblicos. O más: que tratan de convencer a otros con el argumento de que ellos ‘poseen’ ese ministerio de sanidad sólo porque dicen que:
 

1.   “La Escritura así lo dice”. En donde, el principal apoyo que toman de la Biblia proviene de unos versos tardíos de Marcos 16:17-18: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.
Estos versos no se hallan en los escritos más antiguos. Pero supongamos que son genuinos. Eso no es pretexto ni da ninguna garantía para que cualquiera se convierta en sanador, sólo porque la Biblia lo dice. También la Biblia dice que Pablo entregó a Satanás a un creyente. Si a alguien se le ocurriera comenzar un ministerio
de Entregadores-a-Satanás sólo porque la Biblia lo dice, nadie podría argumentar nada: al fin y al cabo la Palabra lo autoriza. Tampoco a nadie (aunque poco falta) se las ha ingeniado para fabricar una doctrina de la Sombra-Santa, basados en el hecho de que los enfermos sanaban apenas eran tocados por la sombra de Pedro. Decir que se puede sanar a todos sólo porque la Biblia lo dice, es manga ancha para que cualquier merolico de la Biblia establezca su sanatorio divino...Si no, asómense a los teatros cariocas donde además de explotar a la gente, la dejan peor de enferma que antes de subir al templete y pasar por los costales de sal dizque ungidos.

2.     Porque –dicen: “Dios me ‘ungió’ para ese ministerio”. Da lo mismo: eso cualquiera de nosotros podría decirlo y ejercerlo fácilmente, puesto que la única prueba de que Dios ‘ungió’ a alguien, es la propia palabra del que lo dice (bonita evidencia). Si uno pregunta ¿cómo y en qué momento Dios le dio ese ministerio? saltan las dudas y los entrevistados dicen que les vino ‘por fe’. Si acaso, dirá que el poder le vino por ‘imposición’ de manos de ¡otro igual a él! Si a éste otro que impuso manos se le pregunta con qué autoridad él impone manos, volverá indefectiblemente al círculo vicioso de la imitación: recibí de otro que recibió...


Algunos ejemplos.

Si bien una inmensa mayoría de evangélicos acostumbran dar esos “saltos de fe” en un buen número de sus áreas de interés espiritual, aquí me ceñiré al salto que se da en asuntos como el del programa radial, y que tienen que ver con supuestas sanidades hechas por auto-nombrados ‘sanadores´. Antes quiero dejar más claro aún de qué se trata el salto de fe en prácticas actuales, y lo haré con algunos ejemplos de experiencias que he vivido en lo particular, o bien que he documentado de manera verificable.

Ejemplo 1: Darío y sus muelas de oro

Este predicador centroamericano cuyo apellido omito por razones prácticas, tiene un ministerio harto sui generis en California (USA). De acuerdo a su muy particular encaje de la ‘fe’, Dios le ha dado el don de ‘sanar’ las caries en la dentadura de las personas. Sus sesiones maratónicas se caracterizan por ese énfasis, y son abarrotadas por gente que busca ese alivio. Más aún. Las muelas no sólo son curadas, sino que la caries es reemplazada por una taponadura ¡de oro!. Así es que las largas filas para que el susodicho dentista-divino ore por las personas, es enorme. Mientras Darío ora, pide a la gente que crea por fe...que diga que ya tiene dentadura de oro...Y la gente lo hace.

Darío, todas las noches que predica, efectúa un salto de fe gigantesco. Y consiste en lo siguiente. A cada uno al que dizque le tapa las muelas con oro, les pide ‘discreción’, consistente en decir a los creyentes: “No se revisen la dentadura... ustedes coman con confianza, con fe... No hablen con otros del milagro.. para no despertar envidias (¡!)... Si alguien les pide que muestren sus muelas, díganles que por qué no mejor vienen a comprobar ese poder a este auditorio...”

Todas las ‘exhortaciones’ del ministro van acompañadas de la amenaza: “Puedes perder la bendición si tientas al Señor” Y tentar a Dios es, por supuesto, atreverse a comprobar si las amalgamas de oro están ahí o no...E incluye, claro, el que si no están, no ‘debo’ levantarme contra el ‘ungido’ y reclamarle... Todo un círculo tóxico-vicioso-perverso.

Para evitar dar un salto de fe, Darío pudo haber tomado en cuenta lo siguiente:

        1.      Él dice que tiene el poder de sanar.

2.     Bastaría que un dentista entre los asistentes (que no sea palero) fuera verificando a la salida de la fila, que, efectivamente, la dentadura de los pacientes ya es de oro.

3.     Los enfermos de la muela podrían irse confiados de lo hecho por Darío y no dudando de haber si es o no cierto el ‘milagrito’.



A cambio de esto, Darío hace una maroma de circo y obliga a los otros a darla porque no pasa por el inciso 2)... se lo salta: Él se dice con poder para el milagro – obliga a la fe de los otros, pero no permite que alguien compruebe que lo de las muelas es cierto o falso.

Uno de esos pacientes, sobrino mío (hijo de un pastor de ministerio igualmente tirado a lo sentimental) salió con el cuento éste: que Darío le había re-puesto dos muelas --una de las cuales era la del juicio-- con oro blanco. Esto lo aseguraba no sólo sentados a la mesa sino arriba del templete. Allí (bajo el permiso y complacencia del pastor) daba ‘testimonio’ del ‘milagro’ ocurrido en su persona, con el consabido y esperado ¡Gloria a Dios! por parte de los feligreses. Claro, a ninguno allí en el templo se le ocurría pedirle al afortunado que abriera la boca dos centímetros para corroborar el testimonio. ¡No! ¡Cómo iba a ser si era el hijo del pastor! Una de esas tantas veces que subía y bajaba con su mentira, el que escribe le pidió una prueba: simplemente que abriera la boca para ver. Aquí, el sobrino dio un triple salto mortal: 1) Me acusó de no tener fe, porque dudaba de lo que él decía 2) De poner en evidencia el ‘pastorado de su papá’ y 3) Estar sembrando ‘discordia’ entre los hermanos.

Una noche se le vino abajo el teatro a este sobrino. Muy aparte de ser mentiroso, era un chico trabajador y esforzado, viajaba unas 2 horas de ida a su trabajo y 2 de regreso
. Una tarde lo hallé más temprano que de costumbre en casa, totalmente cansado y profundamente dormido...En parte porque había regresado del trabajo y tomado un calmante para el dolor...El sueño pesado le provocó ronquera y ésta que abriera la boca...Con una pequeña lámpara me di a la tarea de examinar entonces sus muelas...Allí estaban...pero no cubiertas de oro sino de una negra capa de caries... El sobrino había llegado con la intención de ir al dentista pero no consiguió cita esa tarde...Dado esto, ordenó que si yo preguntaba no se hablara del caso... Pero le falló el asunto. Al otro día salió tempranísimo en busca del milagro que le quitara el terrible dolor...Y no era precisamente Darío...En la iglesia se prohibió (el pastor prohibió) hablar del asunto, dándose por terminada también la campaña que la iglesia había iniciado en el sentido de que ‘allí habían comenzado a darse los milagros’. El desfiguro se cubrió trayendo a un ‘profeta´que se dedicó por toda una semana a ‘profetizarle’ asuntos personales a los creyentes...Cosas que, por supuesto, tampoco nunca se cumplieron.

Ejemplo # 2: Un intervalo jocoso: un hombro más grande que otro

Mi esposa y yo conocimos a otro ministro mentiroso (si es que a un mentiroso se le puede llamar ministro) con una ‘misión’ extravagante. La teoría de este dizque ‘sanador’ era esta: que todos los allí reunidos en la sala de la casa familiar, nos cansábamos al caminar porque teníamos un hombre más grande que el otro...Que él era el enviado por Dios para sanar ese mal común y esa tarde estaba dispuesto a hacernos el ‘milagro’.

Los allí presentes fueron pasando uno a uno (creo que más por dar la coba, pues el ministro era pariente de la familia, que por creencia en los hechos) a que les ‘nivelara’ los hombros. Antes de yo pasar, subí al cuarto de coser y tomé una cinta métrica; pedí a mi esposa midiera la distancia del piso a cada uno de mis hombros, los anotara en un papel y doblara éste para ser usado después. Cuando bajé, era mi turno.

Cuando estuve frente al ‘sanador’ le pedí tomara el papelito y lo abriera después. Lo guardó y comenzó a palparme los hombros y a presionar en uno de ellos. “¡Qué bárbaro –dijo—tienes un hombro dos centímetros más grande que el otro (sin decir cuál era)...Señor, te pido endereces esta columna torcida (¿?) de mi hermano...” Y así permaneció gritando y exigiendo, ya no sólo a Cristo sino a los demonios también, que se salieran de mí...Entonces terminó diciendo: “Di por fe que estás sano...mira, mira, tu hombro comienza a ponerse parejo y tu columna derecha...¡Gloria a Dios! Sí, Sí...estás sanado...confiesa”.

Y yo lo que deseaba no era confesar sino confirmar su fraude. Así que le pedí abriera el papelito entregado antes, a la vez que mi esposa ponía en sus manos la cinta métrica. “¿Y esto?” Pregunto extrañado. Los números del papel son la medida que tenía yo antes de que oraras por mí, la cinta es para que compruebes, a los que aquí están, que realmente tienes poder...Se puso rojo y luego blanco-mentira. Turbado, sin saber qué decir, todo lo que acertó a hacer fue recorrer los números de la cinta con los ojos, y de pronto exclamar: “¡Oye, hermano! pero esta cinta es del diablo...¿cómo me la das a mí...?” Es todo lo que, en su pavoroso salto de fe, pudo decir este grandísimo mentiroso-de-la-fe. Saliendo de esa casa...se fue a hacer lo mismo a otra.

Cualquiera podría decir que la fe no puede ser ‘intervenida’, es decir, no está sujeta a pruebas; si esto es así, entonces se estaría promoviendo la mentira...Exactamente lo que muchos creyentes hacen cada domingo o entre-semana en los que presencia ‘sanidades’ que no lo son. Se dirá también, en todo caso, que no fui sanado porque no tuve fe y desconfié de Dios con la cinta métrica. Pero ¿de qué iba yo a ser sanado si mis hombros no estaban ‘desnivelados’? En todo caso el que mintió desde su ministerio-de-fe fue aquel que engañó diciendo que tenía yo un hombro más grande que el otro y que él, en el nombre de Dios, los enderezaría. Lo que parece perverso en realidad es meter a Dios en estos asuntos tan llenos de fraude y mentira.

Los que allí estábamos teníamos dos opciones: 1) Antes de pasar a manos del ‘sanador’ medirnos cada uno (como yo lo hice) para luego constatar la verdad o falacia del hecho; ó 2) Practicar (como muchos lo hicieron) el salto de fe y confiar a ciegas en el que decía que Dios le había dado el ‘don’ de sanidad.

Lo único que uno de esos ‘ungidos’ necesitan son personas que practiquen el inciso dos para seguir explotando a la gente. Una gran parte de iglesias evangélicas operan, lamentablemente, bajo este binomio: un falso sanador y un silencio que molesta y daña enormemente la fe verdadera.

Ejemplo #3: El templetero reprobado

El ministerio de un palestino (que se dice judío mentirosamente) cuyo nombre omito pero que tienen un sinfín de seguidores y cuyo nombre comienza con Benny, y el cual apellido no recuerdo pero inicia con la letra H, es uno de los más glamorosos y apantallantes show-ministers del escaparate televisivo en USA y AL; no tanto por el poder de la divinidad que ostenta,  sino por las toneladas de dólares que lo impulsan. Es a su vez, uno de los más fraudulentos, cuya mentira se oculta precisamente en el glamour. Si usted no sabe, por ejemplo, porque Dave Cooperfield es famoso, no sabrá entonces porque pasa lo mismo con el palestino. En fin.

El show de este hombre incluye de todo, incluso supuestos médicos que avalan las sanidades que allí se practican. El showman (BH) se diseña asimismo una lona saltarina ...pero dentro de su feudo solamente: los médicos son paleros. Tan paleros resultan sus ‘médicos’ que un grupo de creyentes del estado de Texas, preocupados por la manipulación en contra de enfermos de sus ciudades, decidieron contratar los servicios de un sanatorio famoso de Houston (la capital de los grandes hospitales) con el fin de que médicos-médicos (profesionales y con escrúpulos) verificaran las supuestas sanidades hechas por Hinn.
Para ello se convencieron a 25 personas para que, apenas salidas del ‘desnucamiento’ (por caerse para atrás) y de la sesión de ‘sanidad’ fueran llevadas al hospital para sus exámenes correspondientes. Sorpresa.

Entre los enfermos se hallaban paralíticos, diabéticos, mal de Parkinson, niños con TDA, sidosos, tullidos y otros menos graves. El resultado de los exámenes fue que ninguno había mejorado en lo absoluto
después de haber pasado al 'altar'. Es más, basados en su expediente clínico, los médicos comprobaron que el estado de salud de algunos, había empeorado.

El caso más famoso resultó ser el de la niña Amy Salzburg, enferma de cáncer de sangre (leucemia) a quien el dizque sanador declaró curada y la mandó a su casa. Veinte días después la niña empeoró: había dejado de tomar el tratamiento porque ‘por fe’ la madre le creyó al predicador. El conteo de glóbulos blancos estaba casi en el punto límite. Gracias a la publicidad y escándalo suscitado, la niña fue objeto, esta vez sí, de un milagro: se le puso en primer lugar en lista de espera para un transplante de médula ósea, y se salvó...en el hospital, no bajo manos irresponsables.

El otro caso fue el de Greg M., enfermo terminal de Sida, quien acudió en el condado de Orange (California, USA) a una de las sesiones mentirosas del aludido predicador, quien entre gritos y ‘pases’ toreros con su saco blanco declaró a Greg ‘libre’ de esa enfermedad... Greg murió 15 días después (un día anterior al Día de Gracias)... El equipo de paleros del predicador dio un salto monumental, digno de un trapecista suicida. Declaró a la prensa que Greg había muerto no de Sida sino de una infección viral... ¡Claro! Nadie, que se sepa, muere de Sida sino a causa de ella. Si el supuesto sanador hubiera curado a Greg de su mal, su cuerpo hubiera resistido la infección que en otros no habría provocado más que una influenza más o menos severa.

He tomado el ejemplo de casos de alguien que es más que famoso y a quien ciegamente le siguen un buen número de evangélicos...Si eso pasa ahí, bajo reflectores y en transmisiones de Costa a Costa, imagine el lector lo que sucede en los cientos y miles de ministerios en los que el salto de fe y la mentira son la comidilla del día.
Aquí otra vez la pregunta ¿Estuvo mal que esos creyentes hayan pedido pruebas de lo que el predicador hace? Usted, amable lector, responda en su interior. Yo considero que el no solicitar una opinión médica responsable, equivale a perpetuar la mentira y a poner en riesgo lo que Dios no puede permitir: la vida de nuestro prójimo.

El corazón del salto puesto en evidencia.

El salto de fe (como lo hemos manejado hasta aquí) ocurre por varias razones, entre ellas el orgullo, la ignorancia y la ambición. Una actitud de humildad lo evitaría. Pero esa actitud requiere de revisar los hechos que, precisamente, el salto esconde. En el caso de los que se dicen ‘sanadores’, sólo porque aseguran, sin base alguna, que ‘Dios se los dijo’, el salto comienza desde el momento en que ellos mismos fijan las condiciones de su ministerio; dicen: “Nos siguen las MISMAS señales que a Cristo, y por eso, somos lo que somos: sanadores por fe”. Visto así, nos quedan (como ya hemos apuntado) dos opciones: 1) creerles a ciegas a los que se ostentan como tales; ó 2) Ver a la luz de las Escrituras y la evidencia si lo que pretenden es congruente con la realidad. Yo elijo, por salud de mi fe cristiana, esta segunda opción. Veamos.

Las pretensiones de los que se dicen ‘sanadores’ deben obedecer a un modelo bíblico; y el modelo ellos mismos se lo ajustan cuando citan
Marcos 16:17-18. El centro de estas citas para los que se pretenden con poderes de sanar, está atado por la palabra MISMAS. Y así debe ser. Uno no puede citar a Jesús a través de Marcos, adjudicarse Sus palabras y luego decir que sólo se van a adoptar no las Mismas señales sino unas Parecidas. Eso no puede ser. Tampoco puede uno salir con que no son exactamente las Mismas-Mismas sino una ‘mismas’ desde nuestro muy particular punto de vista y según se presenten las circunstancias.

Por otro lado, no se pueden tampoco hacer excepciones. Aquí, los ostentadores hacen una cirugía mayor a la cita de Marcos. Como no todo les conviene, realizan el salto de fe y eligen sólo lo que no los comprometa con los hechos y las evidencias. De acuerdo a Jesús, las señales que seguirían a sus discípulos serían éstas: 1) echar fuera demonios; 2) hablar nuevas lenguas; 3) tomar en las manos serpientes, 4) si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; 5) sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

En la cirugía, los astutos hacen dos grupos, y dicen: puedo con la 1), la 2) y la 5).
Y dejan fuera, por razones prácticas y lógicas para ellos, la 3) y la 4). ¿Por qué? Porque las otras tres las pueden manipular y controlar delante de auditorios ingenuos; porque las que ellos han elegido son: una personal no peligrosa y fácilmente imitable (hablar lenguas) y, dos de ellas que se practican de ellos hacia los otros, y que son fácilmente sugestionables y objeto de manipulación (echar fuera demonios y sanar).
 

Pero las otras dos señales tienen que ver directamente con sus personas, son peligrosas, no manipulables hacia los otros (a menos, como ya ha sucedido, que se fabriquen su propio ‘veneno’ o se dejen ‘morder’ por serpientes chimuelas). Éstas dos últimas señales, son apartadas con bisturí. De esta forma, dan su salto de fe y se aparecen con su traje de ‘poderosos’ tratando de engañar a la gente con el cuento de que los siguen las Mismas señales que a Cristo... En realidad sólo les siguen en un 66% ... el porcentaje que astutamente ellos han elegido. Esto no puede ser...Y sin embargo, es lo que todos los que se ufanan de señales y milagros, hacen.

Como sea, tienen una defensa por haber dejado los incisos peligrosos a un lado: No toman veneno ni agarran serpientes venenosas porque eso sería
--dicen--  ‘tentar’ al Señor...La realidad es otra:  las apartan no porque teman tentar a Dios, sino porque no poseen la fe absoluta que al “seguir esa señal” salgan ilesos (ya en USA un predicador hizo la prueba y cayó fulminado a los 15 segundos). Pero está bien: no lo hacen para no tentar...pero ¿Acaso no es tentar al Señor cuando dizque declaran sano a un individuo y resulta que en el tal enfermo no ocurre absolutamente ningún hecho de sanidad? Eso no sólo es tentar sino quedar en ridículo y comprometer el poder de Dios con prácticas muy ambiciosas y personales. Parece peor que tentar a Dios.

Pero vayamos al modelo de nuevo. Demos por buenos los versos de Marcos y analicemos. En el pasaje se hayan implícitos varios factores que son: poder, autoridad, misericordia y fe.

El poder:

Quiere decir que Jesús podía sanar a quien fuera en el momento que fuera. En su poder no había distinción y lo mismo ejercía la sanidad en un cojo que en un paralítico, ciego de nacimiento, tullido, agonizantes, leprosos, enfermedades crónicas y congénitas. De hecho, no se ve que se haga énfasis en otro tipo de enfermedades; es como si Jesús hubiera elegido unas en las que no hubiera salto de fe: la enfermedad es tan real y visible, como lo es la sanidad ante la cual no hay objeción alguna...Y no sanidades de las que la gente anduviera diciendo: Esas hasta Simón el Mago las hace...
Ahora, Jesús realiza las sanidades bajo cualquier circunstancia: de lejos, de cerca, tocando, sin tocar, con palabras suaves, con frases severas, etc. De hecho, en las sanidades efectuadas por Jesús todas parecen tener un doble propósito: que la gente vea que la cura al enfermo no se trata de una simple sugestión, y luego la de dar al enfermo un lugar al cual pertenecer: los enfermos de Jesús son gente marginada, odiada, rechazada por la sociedad, a causa, precisamente, de un mal que se consideraba castigo de Dios.

Aquí existe una diferencia enorme entre los que dicen siguen las Mismas señales de Jesús y lo que realmente hacen...Los que se ostentan con el mismo poder hacen una diferencia con el mismo bisturí. Si usted por ejemplo asiste a una de esas sesiones maratónicas de sanidad, difícilmente podrá ver a ciegos que recobren la vista, a sidosos que dejen de serlo, a niños con TDA que vuelvan a la normalidad, a cojos cuya pierna vuelva a la de un deportista o leprosos (si aún los hay) que sean limpios por la mano de ‘sanador’...quien falsamente dice que el que sana es Jesús, pero la evidencia dice que Jesús no se halla a sus espaldas. Todo porque a cambio de la sanidad de aquellas enfermedades de evidencia irrefutable, de misericordia visible y poder absoluto, los merolicos del templete se dedican a la disección de ‘enfermedades menores’: gripes, dolores de espalda, fiebres, jaquecas...Las cuales, no son enfermedades realmente, sino síntoma de que algo no anda bien dentro del cuerpo. Pero así se las gastan.

La autoridad:

Es muy simple entender esto. Quiere decir que las fuerzas físicas de la naturaleza (esta vez en el cuerpo enfermo) obedecían a la voz de Jesús. No sólo esto, sino que lo hacían al instante. Ni Jesús ni los apóstoles requerían de sesiones maratónicas, ni de gritos y manotazos o pedir que el creyentes se fuera de espaldas o comenzar a danzar como esquizofrénico o a prácticas de santería como las realizadas en algunos templos harto emocionales. No. Todo lo que tenía que hacer Jesús era ordenar: una sola vez. En la Biblia no existe evidencia de que fracasara en el primer intento. No existe crónica alguna que él o los apóstoles se hayan tenido que quedar hasta la una de la madrugada orando por algún enfermo (o endemoniado)...porque no se les dejaba sanar. Ni nunca se observa que manden a alguno medio-sano. No era así. Ellos tenían autoridad. A eso se le llama autoridad. Tanta tenía Jesús que ocurre algo paradójico: un muchacho sordo lo oye y el espíritu dentro de él sale huyendo.

La pregunta que el lector debe hacerse ahora es simple. ¿De verdad los que presumen de esto cargan con las Mismas señales que Jesús hizo? Yo no lo he visto (que no dudo que en ministerios rectos y respetuosos ocurra). Lo que he presenciado son imitaciones burdas de la fe, en las que se involucra a gente de la que no se deja comprobar si de verdad sanó o no, además de
largas rutinas de gritos y sombrerazos tan eficaces como lo resulta se un Alka-Setlzer para curar la migraña.

El traslado del salto

Ante la inoperancia del teatro, viene entonces el traslado del salto; éste ocurre de la siguiente manera según el caso que se dé:

 

1.      El enfermo dice que ‘sana’. El ‘milagro’ en este caso va a cuenta, primero del que sanó --pues se ve que cosecha más fama y más gente se empieza a juntar en su teatro; luego, tal vez se atribuya a Dios cierto poder...Con esto (la fama, el éxito, el respeto, la presunción) se invalida lo dicho por Jesús, quien ordenaba a los enfermos (muchas veces en el mismo libro de Marcos) que se fueran a sus casas y no dijeran nada a nadie. La sanidad en este caso no se debe, por supuesto, a la fe del enfermo sino al ‘poder’ del endiosado;

2.     El enfermo no-sana; el enfermero fracasa. Aquí este último da el salto: atribuye la falta de cura, no a la ausencia total de autoridad y poder que pretende, sino a la ‘falta de fe’ en el enfermo. Para que el mecanismo resulte más perverso aún, se atribuye al paciente alguna otra anomalía: “algún pecado oculto debes de tener cuando Dios no contesta tu oración”. Olvidándose totalmente de que las señales de Jesús eran hechas en gente absoluta y totalmente pecadores...

3.     Jamás nadie es capaz de contar que no ha sanado, que resultó infructuoso tanto grito, que tuvo que ir al médico y este de volada lo sanó, que puras palabras de ‘¡Sal...Sal de él...quema, quema, quema aaaaaaaaaa! fueron de verdadera inutilidad Tampoco nadie se atreve o se le deja testificar que el sanador es un fraude; ni tampoco nadie lleva la cuenta de las veces que el 'ungido' ha fallado, ni nadie es capaz de  presentarle una lista de sus fracasos... ¡Cómo va a ser,  si es el hombre quien Dios puso en esta iglesia...!



De esta forma tan maniquea, el ‘ungido’ y su iglesia que se ostenta ministerio-de-sanidad siempre salen gananciosos... Efectúan un salto en ‘corto’...del 1 al 2 y ni siquiera se quieren asomar al abismo que les espera en el 3.

 

Epílogo

El salto de fe parece ser comida diaria entre los evangélicos, no sólo en el área de la sanidad sino en muchas otras. Ese salto nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos para estar más que firmes en nuestra fe. El salto obliga al rechazo porque debe conducirnos a la verdad. En vez de ello lo hemos aceptado y constantemente nos vemos impelidos a la mentira y a falsedad de los hechos. Una fe sana nos conduce a la honestidad, y esto quiere decir a rechazar los saltos de fe; a decir: estoy enfermo, han orado por mí, pero no es la voluntad de Dios que yo sané. De esta forma yo enfrento y doy permiso a mi real naturaleza humana a ser lo que es: un cuerpo de condición enfermiza en lo natural, tendiente a morir algún día; a sufrir de enfermedades y dolores.
 

En este proceso puedo optar por dar la razón de mi fe a quien leuda la doctrina con mentiras aparatosas, o ser verdadero delante de Dios y exigir pruebas de quienes se ostentan como sus ministros. El salto de fe más oscuro es aquel en donde la creencia personal se pone en manos de un individuo: “Maldito el hombre que confía en el hombre” ha dicho Jeremías: sabias palabras que parece no hemos aprendido con prontitud y energía.
Finalmente, insistir en el salto de fe, conlleva a la mentira, la deshonestidad, la angustia para cada uno, la pena y la vergüenza. Permite que los engañadores sigan parapetados detrás de un escudo al que ellos llaman fe, y que no es sino una máscara que sólo el vacío es capaz de sostener.

 

     

Fe tóxica - Fe sana

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Fe tóxica - Fe sana